LIBRO PRIMERO DE LA POLITICA INDIANA.

En que se trata del Descubrimiento, Descripcion, Predicacion, Adquisicion, i Retencion de las Indias Occidentales, i de los Titulos de ellas.

CAPITVLO PRIMERO,

De lo que significa, i comprehende propriamente este nombre Indias. Tratase de las Orientales; i de las partes en que los Antiguos dividieron el Orbe.

DIos mediante, pretendo formar una breve Politica Indiana en Romance, sacada de los libros, que en Latin, mas por extenso he escrito, i han sido bien recibidos, del Derecho, i Govierno particular de las Indias, que llamamos Occidentales; que juntamẽtejuntamente pueda servir, i sirva de Epitome, ô Compendio de ellos; pero sin omitir nada de su sustàciasustancia.
I para algun cimiento de tan gran edificio, me ha parecido forçoso
premitir brevemente, que esta palabra Mvndo, dicho assi por el ornato i asseo con que Dios le compuso;
tomada en general, comprehende Cielo, Tierra, i Mar, i todas las criaturas, que en estas partes fueron criadas, i colocadas. I segun la mas comun division,
se divide en quatro Climas, ô Regiones: CōvieneConviene à saber, Oriente, Occidente, Septentrion, i Mediodia.
El Oriente, i el Occidente se dizen assi, por caer en las partes donde nace el Sol, ô se pone. Septentrion es el que està entre el Polo Artico, i circulo Equinocial: i tomô este nombre de siete Estrellas, que se miran en aquel cielo, i parece figuran siete bueyes uncidos. La Meridional se dixo, porque està à la parte donde el Sol haze la mitad de su curso, ô su dia; i cae entre el circulo Equinocial, i Polo Antartico, que es el opuesto del Artico: I por interponerse la tierra, no se puede ver el uno del otro. De donde nacio, que a este Polo Antartico le llamamos tambien Meridional, i cōcon mas frequẽciafrequencia Avstral, por el viẽtoviento Austro, que dezimos Solano, i sopla del Tropico Estival, que està en esta parte: como tambien à la contraria Septentrional la solemos llamar Aqvilonar, por el viento que de ella sale, con curso, ô buelo tan arrebatado como el del Aguila.
Pero si restringimos la significacion de la dicha palabra Mvn|do à los dos elementos de Agua, i Tierra, que juntos hazen un cuerpo globoso, ô redōdoredondo, que llamamos Orbe Terrestre, avremos de seguir otra particion mas comun, i usada delos Antiguos, que le dividià en tres partes, Evropa, Africa, i Asia.
Asia coge, i ocupa todo lo que ay de tierra, i agua desde el Medio dia por el Oriente, hasta el Setentrion. Europa se estiende desde el Setentrion hasta el Occidente. Africa en lo demàs, que resta desde el Occidente hasta Mediodia. I segun esto, Asia viene à coger la mitad del Orbe conocido por los Antiguos, i la otra mitad parten Europa, i Africa. I la razōrazon fue, por averlas acortado, ô apartado assi el Màr, que llaman Magno, ô Mediterraneo, interponiendo en ellas sus braços, que salen del Oceano, como se puede ver en las tablas de Abrahamo Ortelio, i otros muchos Autores,
que jũtamẽtejuntamente dan la causa de los nōbresnombres de estas tres partes del Mundo, i sus sitios, provincias, costumbres, i propriedades.
Pero yo, por contenerme en los terminos de mi intẽtointento, solo digo, que dentro de los de la Asia cae la noble, i dilatada Region, que comunmente llamamos India Oriental, i en la Sagrada Escritura se dize Hevilath,
de Hevila hijo de Iectan, que fue el primero que habitô, i poblô algunas de sus provincias. La qual tomô el nombre de India, de Indo: hijo de Gog, rebisnieto de Noe, i nieto de Sabo, a quien el mesmo Noe embiô à poblar la Arabia Feliz, ô Sabea, i las regiones de esta India.
O como dize S. Isidoro, i otros, del rio Indo, que la divide de la Persia, i la riega desde el Occidente al Oriente, cōcon tanta fuerça de aguas, que puede competir con el Nilo, i el Ganges, i aun los excede, si se mira la lōgitudlongitud de su curso.
I Plutarcho en el docto Opusculo en que trata de los Rios, añade, que este tomô el nombre de un noble mācebomancebo llamado Indo, que en unas fiestas, ô sacrificios de Bacho viciô a una Infanta, que ministraba en ellos; i huyendo del padre de ella, se arrojô, i ahogô en el, i le dio su nombre, aũaun que antes se llamava Mausolo.
El apellido de Oriental, que se añade a esta India, le proviene de estenderse sus terminos por la mayor parte, no solo àzia el Oriente del Asia, sino de todo el Orbe, hasta llegar al mar Oriental, que los Griegos llamāllaman Eoo, que es lo mesmo que en Latin dela Aurora.
Pomp. Mela lib. 1. cap. 2.
I por el Setentrion la rematārematan, ô cierran los collados del monte Tauro, i por el Mediodia el Oceano Indico. De suerte, que coge en ancho i en largo mas de cinquenta i tres grados, ô Meridianos, i cae la parte de ella, que mira al Mediodia, debaxo de la Torrida zona, i la Boreal, ô Setentrional debaxo de la Templada. I unos dizen,
que para navegar toda su costa, son menester quarenta dias naturales de navegacion, otros sesenta. Otros la hazen mayor, que lo restante de la Asia: I que solos sus Indios excedẽexceden en numero à los demas mortales: I otros afirman, que contiene en si la tercera parte del Mundo. I Filostrato escribe,
que ninguna Region del se puede cōpararcomparar cōcon ella, ni aun la de Etiopia cōcon ser tan grādegrande, aunque la juntemos con la de Egypto.
De esto ha nacido lāla gran diferencia, que entre los Autores
Magin. do tab. 32.
se halla en su division, i demarcacion, entre las quales es sumamente confusa, i dificultosa la de Abdias Babylonio,
Pero todos convienen en la exageracion de su grandeza, i excelencias de cielo i suelo, i en que es el principio de todas las tierras, i la mano derecha del Mundo, i dōdedonde puso Dios el Paraiso terrenal; mezclando algunos muchas fabulas entre estas verdades, especialmente cerca de sus monstrosos habitadores.
Todo lo qual no es de maravillar, porque aunque es cierto, que de estas Indias Orientales tuvieron noticia,
i descubrieron, caminaron, i conquistaron alguna parte Bacho, Hercules Egypcio, AlexādroAlexandro Magno, Sesoostris, Antiocho, | Hanon Cartaginense, i otros algunos Emperadores, i Capitanes Romanos, i que los Iudios poblaron en ellas algunas Colonias.
I que despues predicaron la Fè de Christo Nuestro SeũorSeñor en las mesmas los gloriosos Apostoles San Bartolome en la India Citerior;
i en la Vlterior Santo Tomàs, por renōbrerenombre Dydimo, que es el que propriamente merecio llamarse Apostol de ella, por lo mucho que trabajò en convertirla, i aver alli padecido Martyrio, i dexado en Maliapur su santo cadaver, segun la mas comũcomun opinion;
que despues llegò à ser certeza, mediātemediante el valor, i cuidado de Nuestros Portugueses, cōprobadocomprobado con innumerables milagros.
Todos estos descubrimiẽtosdescubrimientos, i noticias fuerōfueron mui cortas, i cōfusasconfusas, para lo mucho que avia que penetrar, i inquirir, en tan varias, i estẽdidasestendidas Provincias. I aun essas se vinieron à perder casi del todo en Europa; como lo advierte bien Tomas Bozio,
por la ignorancia de la navegacion, i por la dificultad de ir por tierra à estas Indias, aviẽdoaviendo de atravessar tanta, que fueron ocupando enemigos, de leyes, i naciones diversas; hasta que en tiempo de nuestros Padres, los valerosos Lusitanos, que son los que mas han conquistado, i llegado à saber de esta India, començaron à tentar su navegacion; i despues fueron penetrando lo interior, i exterior de todo el Oriente, dando no solo vista à sus inmensas, i dilatadas Provincias, sino ilustrandolas con la Fè de Christo, i quitando muchas de ellas à los Moros, que injustamente las ocupavan.
Cuyas historias, i alabanças por tan gloriosas empressas, refieren, i encarecen con razōrazon, muchos, i graves Autores.
I aun no pudo negarlas el FrācesFrances Forcatulo, si bien descubriẽdodescubriendo el odio, ô envidia, que los de su Nacion tienen à la de España, dize, que los Portugueses obrar on estas hazañas, por huir de su mucha miseria i pobreza.
Siendo assi, que el principal logro, i tesoro, que sus invictos Reyes prerendieron en estas conquistas, fue convertir, i ganar à Dios, i à su Iglesia, las almas de tantos infieles, como lo manifestô la piadosa Embaxada,
que el Rey Don Manuel embiò al Papa Leon Decimo el año de mil i quinientos i veinte i tres. I la carta, digna de tener en memoria, que el Rey DōDon Iuan el Tercero escrivio à su Virrey de la India Don Iuan de Castro,
I el gran cuidado, que siempre tuvieron, de buscar, i embiar escogidos Ministros para estas cōversionesconversiones. Entre los quales fue uno, el que valio, i puede valer por muchos, Bienaventurado San Francisco Xavier,
que peregrinô once años en estas tierras, en los quales bautizò innumerables personas, que solo en el pueblo de Tholo passaron de veinte mil, i procedio de suerte, que es tenido, i llamado Nuevo Apostol de ellas, i por aver resplandecido en virtud, i milagros, merecio ser canonizado con general aplauso de todo el Orbe Christiano, por Gregorio Decimo quinto en doze de Março del año de mil i seiscientos i veinte i dos.
I à este cuidado, mas que à otros medios humanos, atribuyeron los Reyes de Portugal las mercedes, que avian recebido de Dios en estas conquistas. I reconociendolas como de su mano Don Iuan el Segundo, se començò à llamar Señor de Guinea: i Don Manuel, i sus sucessores,
De la navegaciōnavegacion, i comercio de Etiopia, Arabia, Persia, i la India, añadiendo por timbre un globo Esferico al Escudo Real de sus Quinas, con una letra, que denotava, aver sido los primeros que le investigaron, i conquistaron.

CAPIT. II.

CAPIT. II.

Del descubrimiento de las Indias Occidentales, con sucinta relacion de los que mas obraron, i merecieron en el. I porque seles dio el nombre de Indias, i quales otros se les ayan dado, ò puedan dar, que mas les convengan.

EStādoEStando las cōquistasconquistas dela India OriẽtalOriental por los Portugueses en el estado que queda dicho, permitio Dios se comẽçassencomençassen à descubrir las que llamamos Occidentales, dando feliz principio à este descubrimiento don Christoval Colon, Ginoves de nacion, de un pueblo llamado Nervio, en nombre, i à expensas de los señores Reyes Catolicos de Castilla, i Leon, don FernādoFernando, y doña Isabel, el año de 1492. en quatro viajes, que hizo hasta el año de 1506. en que murio, dexando descubiertas todas las Islas, que llaman de Barlovento, que casi no tienen numero, i el continente de la tierra de Paria, principio, ò entrada de las dilatadas Provincias del Nuevo Orbe. De que ay tan cumplidas historias, i relaciones, que puedo escusar detenerme en copiarlas. Contentandome cōcon añadir el elegante Epigrama, que un moderno Poeta Inglès,
IoāIoan. Ovenus lib. 3. epigr.
aludiendo al nombre de Colon, ò Colombo, haze del à la Paloma del Arca de Noè, en este sentido.
La primera Paloma nos dio aviso,
Que cessava el diluvio, i que los prados
Libres ya de sus ondas, florecian.
Colon fue la segunda, i nos le truxo,
De otros inmensos, i estendidos cāposcampos,
Mas allà del Atlante descubiertos,
Nunca en siglos passados conocidos.
Este truxo por muestras oro, i plata,
El ramo essotra de la verde oliva;
Este riquezas, i deleite aquella.
Fueronse despues adelantando mas, i mas los descubrimientos, i buenos sucessos de los Castellanos en estas Indias, assi en vida de los mesmos Reyes Catolicos, como en la de su Nieto el señor Emperador Carlos Quinto, estremandose, i dandose à conocer mucho en ellos, otros insignes Capitanes, i Pilotos, que incitados no menos del deseo de la gloria, que del de las riquezas, siguieron las pisadas de Colon.
I entre ellos es digno de memoria Alonso de Ojeda,
que descubrio hasta Vraba, i las demas tierras, que caen en la Governacion, que llamò la Nueva Andalucia.
Blasco Nuñez de Balboa,
que muerto Ojeda, se introduxo en el Govierno por voluntad de los moradores, i de acuerdo con ellos, se fue el golfo arriba el año de mil i quinientos i diez, i poblô la villa de Nuestra Señora de la Antigua del Darien, en el rio de esté nombre. I aviendo dado muchas bueltas à todas aquellas Costas, descubrio en el Seno de Vraba aquel Isthmo, ò lengua de tierra, que divide los dos mares, que vulgarmente se llaman del Norte, i del Sur, en veinte i cinco de Setiembre del año de mil i quiniẽtosquinientos i treze; i saludando aquel nuevo mar, i tomando possession de lo que via, i de lo que esperava, en nombre de los Reyes de España; murio à manos de la envidia, cortada la cabeça como reo, por sentencia de Pedro Arias de Avila su suegro, en la villa de Acla el año de mil i quiniẽtosquinientos i diez i siete.
Don Fernando Cortès,
natural de Medellin en Estremadura, el qual con mas dichosa osadia, i sucessos, obrò cosas raras, i memorables, en el descubrimiento, i conquista de las Provincias de YucatāYucatan, Cozumel, i Tabasco, i de las mucho mas ricas, i dilatadas de Tlaxcala, Mexico, i otras, à quienes dio por titulo Nueva España, aviendose ocupado en esto, i en ponerlas en ordẽorden, i govierno Christiano, i politico, desde el año de mil i quiniẽtosquinientos i diez i ocho hasta el de | mil i quinientos i quarenta i siete en que murio, en los sesenta i tres de su edad, en el lugar de Castilleja de la Cuesta cerca de Sevilla, aviendo venido à España à defenderse de algunas calumnias, i recebido primero en premio de sus trabajos, i heroicas hazañas por el Invicto Emperador Carlos Quinto, el Virreinado, i Presidencia de la mesma Nueva España, i el Marquesado del Valle de Huaxac con veinte i tres mil vassallos tributarios, de que se le despachô un honrado privilegio en Barcelona a seis de Iulio de mil i quinientos i veinte i nueve.
Tambien es digno de no passarse en silencio el insigne, i memorable intento de Fernando de Magallanes, Portugues de nacion,
en la navegacion que hizo para buscar, i descubrir el Estrecho que oy tiene su nombre; pues aunque perdio en ella la vida, consiguio lo que avia imaginado por fantasia, i alcançô inmortal gloria. I vna de sus naves, de que Sebastian Cano iba por Piloto, llamada Vitoria, dio buelta à todo el Mundo, mereciendo, que à el se le diesse su globo por Armas, con una letra, que dezia: Tu fuiste el primero que me rodeàste. I à ella la ayan celebrado los Escritores, mas que à la Argos.
Cuya historia, i la de otros insignes Conquistadores de diversas Provincias, remito à los libros particulares,
que tratan dellas; contentandome con cerrar este breve discurso del mio, diziendo algo del heroico, i valeroso don FrāciscoFrancisco Pizarro, natural de la ciudad de Truxillo en Estremadura. A quien debemos el descubrimiento, conquista, i poblacion de las ricas, i estendidas Provincias del Perù. Porque aunque adquirio sus noticias militando estrenuamente con Blasco Nuñez de Balboa, lũegoluego que este murio, tomô à su cargo esta empressa, haziendo para ello cierta compañia, por estar pobre, con Diego de Almagro, i Hernando de Luque, i armando los vaxeles, que entonces pudo, començô à navegar, i arar el mar del Sur à mediado Noviembre del año de 1526. i no de 1524. como escrive Antonio de Herrera; i despues de aver padecido grādesgrandes hambres, peligros, i trabajos, descubrio mucho de la Costa del Perù, i vino en conocimiento de lo mas que restava, i de su gran opulencia, especialmente en minas de oro, i plata. I dexando treze de sus compañeros, que solos quisieron esperar su fortuna, en la Isla del Gallo, que despues se passaron à la Gorgona, vino à España el año de mil i quinientos i veinte i ocho, i dio particular cuẽtacuenta al Emperador de lo que avia visto, i dexava hecho, trayendo muestras de todo, i algunos Indios.
Del qual fue recebido, i tratado benignissimamente, i honrado con el Abito de Santiago, titulo de Adelantado, que despues se le mejorô en Marques de los Atavillos, i con otras mercedes para si, i sus compañeros, i en particular para los treze, que he referido, concediendoles priuilegio de hidalgos à los que no lo fuessen, i à los que ya lo fuessen, de Cavalleros.
se bolvio à proseguir lo començado, llevando quatro hermanos consigo. I partiendo de España à principio del año de mil i quinientos i treinta, llegô en salvo à Panamà, donde se compusieron algunas quexas, i diferencias, que avia entre el, i su compañero Diego de Almagro, i hecha la segũdasegunda navegacion, por el mar del Sur, acabô de reconocer, i allanar exterior, i interiormente lo mas del Perù, aviendo preso en una batalla à Atahualpa Inca, que tiranizava entonces aquellas Provincias. En cuyos despojos, i en lo que despues el hizo traer, i juntar para su rescate, se adquirieron mas de treziẽtostrezientos i cincuenta mil sueldos de oro, i de ciento i cincuenta mil marcos de plata ensayada, segun la cōputaciōcomputacion de Pedro Opmeero,
ô segũsegun la de Antonio de Herrera,
500. marcos de plata, cōcon los quales, i el oro | montô lo que se repartio un millōmillon quinientos i veinte i ocho mil i quinientos pesos de oro, fuera de los quintos, i otras ricas joyas, que se reservaron parà el Rey.
El qual refiere los nombres de los soldados de à pie, i de à cavallo, que en esto le acompañaron, i lo que à cada uno tocô de repartimiento. I se juntàra mucho mas, si no huvieran muerto à Atahualpa, al parecer con poca razon, de que se lamentan algunos Autores,
que refieren lo restante de la vida i hechos de este gran Capitan, i su desgracia da muerte en Lima, siendo ya Virrey del Perù, à manos del hijo de Diego de Almagro, i de sus sequazes.
I hechos estos descubrimientos, i otros, en la forma que se ha referido, se les començô à dar vulgarmente à las Provincias Occidentales, i Meridionales assi descubiertas, el nombre de Indias; porque como en aquel tiempo se frequentava la navegacion de los Portugueses à la India Oriental, que es la que propriamente le merece, como se dixo en el capitulo antecedente, i se tiene por aquella parte por lo ultimo de la tierra; descubiertas estotras por los Castellanos, que tambien ocupan, i cierran los estremos del Occidente, las llamaron assimesmo Indias, à imitacion de aquellas, aunque impropriamente; porque avida consideracion à lo que primero reconocieron, mejor las pudieran llamar Antilianas, como lo advierte bien el Padre Ioseph de Acosta,
à quien todos siguen en quātoquanto à esto. I Iulian del Castillo dize, que en Ptolomeo se haze mencion de una Isla Antilia, no mui lexos de la de la Madera, i que en otro tiempo fue vista i tratada por los Lusitanos, i aora no se halla.
I el Padre Gaspar Sanchez anade,
que es costumbre nuestra llamar India à qualquier region apartada, i antes no conocida, porque de las de este genero, fue la primera que se descubrio la que baña el rio Indo, de que tratè en el capitulo antecedente.
Abrahamo Ortelio
tambien conoce, que es falso è improprio el nombre de Indias, que damos à las Occidentales, i que si por el rio se le huvieramos de dar, como à essotras, se devieran llamar Amazonias, ô Orellanas, cosa que me parece lleva poco camino; porque estos rios solo riegan una Provincia de las que oi comprehendemos con este nombre de Indias Occidentales.
Nuestro Chronista Antonio de Herrera, i Frai Iuan de Torquemada
se van con el parecer del Padre Ioseph de Acosta; pero añaden, que Colon gustô, i procurô darlas este apellido, para engrandecer, ô encarecer mas su descubrimiento, i que competian en oro, plata, piedras preciosas, i aromas con la India Oriental, de que blasonavan tanto los Portugueses. I à este pensamiento alude, lo que sin citar à nadie, dize Frai Iuan de la Puente,
que se les comunicô el nombre de Indias, por parecerse à las Orientales en remitir sus tesoros à España.
Pero aunque confessemos ser improprio este nombre de Indias, que se ha dado à las Nuestras, ô falso, como Ortelio afirma; mucho mas improprio, falso, è injusto es el que el mismo usa,
i todos en comun, especialmente los estrangeros, llamando generalmente America à todas estas Regiones Australes, i Occidentales, de que tratamos. Tomando, ô derivando el nombre del de Americo Vespucio Florentin; el qual siendo Geografo, i diestro en el arce nautica, i compañero de Alonso de Ojeda, i otros en las primeras navegaciones, se atribuyô auer sido el primero, que descubrio la Tierrafirme, que llamarōllamaron de Paria, i lo persuadio al vulgo, esparciendo por todo el mundo Tablas Geograficas, i Carras de marear; las quales el hazia con primor por su mano, dando en ellas su nōbrenombre à las Provincias referidas, | i a otras que despues se fueron descubriendo. Todo con falsedad, i en grave perjuizio de la honra, i gloria de don Christoval Colon, como en contraditorio juyzio se vino à declarar en el Consejo Real de las Indias, en cuyos Archivos testifica Antonio de Herrera aver visto los papeles tocantes à esto.
I de la mesma fraude, i desvergonçado hurto se queja gravemente fr. Tomas de Maluenda,
I aun no la han podido negar Ortelio, i otros estrangeros, contestādocontestando todos, en que todo este descubrimiẽtodescubrimiento se deve à ColōColon, i que de su nombre, i no del Americo, fuera mas justo aver llamado à este Nuevo Orbe, ô llamarle de aqui adelante Colonia, ô Columbania.
Assentado pues que el nombre de Indias es impropio para las nuestras, i el de America falso, que hurtado, no falta quien trate de buscar otros, que puedan quadrarles mas. I algunos se inclinan mucho à llamarlas Islas Atlanticas,
juzgando, que caẽcaen despues de aquella, de que debaxo deste nombre dexô hecha de tiempo antiguo, tan noble, i admirable memoria Platon en su Thimeo, ò Critias, cuya increible, i a mi parecer, fabulosa narraciōnarracion, son casi infinitos los Autores antiguos, i modernos, que la tienen por verdadera.
I muchos, los que aplicandola à nuestras Indias, se persuaden, que Colon, guiado por ella, se moviô à intentar su descubrimiento. I que las Islas, que PlatōPlaton señala, passada la Atlantica, son las de las Cuba, i Habana, la Española, la Borriquena, la Xaimaca, i otras que llaman de Barlovento.
Pero todo esto tiene en contrario euidentes argumentos, ponderados por otros Autores no menos graues,
à que nunca pudo satisfacer bastantemente Fray Gregorio Garcia, aunque gastô mucho estudio, i papel en querer defenderlo.
I assi nunca ha prevalecido este nombre, como ni el de Francia Antartica, que algunos Franceses pretendieron poner à estas nuestras Indias, por pretender que tubieron parte en sus primeros descubrimientos en la armada que llevô a su cargo el Señor de Villa Gañon.
Ni el de Tierra de Santa Cruz, con que otros han querido llamarlas generalmente,
Idem Porcach. ibid.
porque aunque este nombre es digno de toda estima, i veneracion, solo puede aplicarse à las Provincias del Brasil, à las quales se le puso Alvaro Cabral, quando navegando en demanda de la India Oriental, con la armada que le fiô el Rey don Manuel de Portugal, diô derrotado en ellas, año de 1500. I aun alli no ha durado, olvidando este mejor, i mas Santo palo, por el que de su cosecha lleva la mesma tierra, como aun lo dizen, i reprehenden los Portugueses.
Por lo qual parece mas plausible, i quadrante, el apellido, que otros las han querido dar, llamandolas Orbe Carolino,
en honra, i memoria del invicto Señor Emperador Carlos Quinto Rey de España, debaxo de cuyo Imperio, i buena fortuna se aventajô tanto el descubrimiento, i conquista dellas, como se ha referido. I por ser ordinario, que los Reinos nuevamente adquiridos, le tomen del Rey ô Emperador, que triunfô dellos con maior gloria.
A que ayuda, el parecer, que el mesmo Señor Emperador le quiso afectar, pues hizo tanta estima de esta conquista, que añadiô al escudo de sus armas las dos colunas de Hercules, con la inscripcion del. Plus vltra,
como dando à entender, que por el favor divino, à su valor, i fortuna no embaraçava, como à Hercules, el Oceano, antes, mas allà de sus terminos, le descubria, i ofrecia Nuevos Mundos en que ensancharse, porque no se afligiesse con la estrecha carcel de solo el antiguo, comodizen averle acontecido al grande Alexandro.
I deste mesmo fundamento deduce un grave Autor moderno,
que se debieron llamar estas mesmas Indias mas justificadamente, FerIsabe | lica, nombre compuesto de los dos de los señores Reyes Catholicos don Fernando, i doña Isabel, en cuyo tiempo, y por cuyo mandado se començarōcomençaron à descubrir, como queda dicho.
I porque tambien se suelen tomar tales nombres de los Capitanes, que mas obraron, i lucieron en semejantes conquistas,
escribe otro Moderno, que las Provincias del Peru se debieran con razon llamar Pizarrinas,
tomandole de su gran Conquistador don Francisco Pizarro, cuya gloria, i memoria procura salvar aduertidamẽteaduertidamente, de la niebla cōcon que algunos la hāhan querido ofuscar, por el alçamiento de su medio hermano Gonçalo Pizarro, i de la ridicula obieciōobiecion de Trajano Bocalini,
que excluye del tẽplotemplo de la fama à este insigne varōvaron, i à Colon, i Cortes, por dezir, que de las Provincias que descubrieron, pass ô à España el mal FrācesFrances, que comunmẽtecomunmente llamamos Buhas, siendo esto aũaun incierto, como lo diremos en otro lugar.
Infra hoc lib. c. 4.
CAP. III.

CAP. III.

De que el nombre que mas les quadra à estas Indias Occidentales, es el de Nvevo Orbe: Dese la razon desto: Dizese de su grandeza, i demarcacion; i algo de la linea Meridional, cōcon que el Romano Pontifice dividio la navegacion entre Castellanos, i Portugueses.

ENtre los nombres que hasta oy se hāhan dado à nuestras Indias, ninguno hallo mas conveniente, i significātesignificante de su grandeza, que el de Nueve Mundo, en latin Novvs Orbis. No porque yo crea, ni siga la opinion de los que dixeron, que auia muchos Mundos:
sino porque supuesto que los Antiguos dividieron en tres partes todo lo que conocian del ya descubierto, conviene à saber, Africa, Europa, i Asia, como lo dixe en el Capitulo primero, aviẽdoseaviendose despues hallado esta, que vulgarmente llaman America, la començaron à contar por quarta, i à llamar la Nuevo Orbe, ò Nuevo Hemisferio, cōcon mucha razōrazon, por la inmensa grādezagrandeza de sus Provincias, que aun con faltar tantas por descubrir, sobrepujan las ya descubiertas, la de las otras tres partes juntas del Mundo: I por la diuersidad de las costumbres, i ritos de sus habitadores, diferencias de los animales, arboles, y plantas que en ellas se hallaron, tampoco parecidas à las de Europa.
Cosas todas, en que con justa causa reparāreparan Varones muy graves aprobando este nombre,
i no acabando dignamente de encarecerlas, i concluyendo, que teniendo el Orbe en box, ô circuito, por dōdedonde mas se estiende, trecientos i sesenta y seis grados de elevaciōelevacion de Polo, que reducidos à leguas Castellanas, hazen seis mil i treciẽtastrecientas. Esta nueva parte de Indias, que cupo à la demarcacion de Castilla, abraza en si los ciento i ochẽtaochenta grados, que hazẽhazen, como parece, la mitad, i mas de las dichas leguas.
I assi no debemos estrañar, que se llama Orbe Nvevo, como (poco aduertido de tales noticias) lo haze Pontano en uno de sus Progymnasmas, donde aun duda en hazerle quarta parte del mundo: pues Plinio, i otros de los Antiguos,
dieron este mesmo nombre àla Escandinavia, Isla en lo setentrional de Alemania, i à Trapobana, en lo Oriental de la India, solo por lo que oyeron, ô conocieron de su grandeza. I à Bretaña, ô Inglaterra, por que la cerca el mar, dividida del corriente de Europa, la juzgaban, i llamaban tambien Prouincia del otro mundo,
I verdaderamente, aunque este inferior, por mas que en el se aya descubierto, i descubra, comparado conel Cielo, viene à ser como un punto de su esfera.
No se pue|de negar ser grande la extension que en alguna manera podemos dezir, que ha recibido cōcon el descubrimiẽtodescubrimiento de este que tratamos.
Cuyo sitio, i distancias en ancho i en largo, i lo demas que toca à su universal division, i descripciōdescripcion, tratan variamente varios Autores,
I aun que ninguno dellos pueda por mayor comprehẽdercomprehender, ni descubrir su forma ô figura, porque aũaun no es tan del todo conocidos, ô descubiertos sus estremos i fines. Todavia, auiendo de hazer concepto de alguna, parece, que la que mas le quadra es la de vn coraçon, como lo dize el P. Ioseph de Acosta,
cuya parte mas ancha, atribuye à todo el pedazo de tierra, que ocupa el Brasil, i el Perù. Su termino, ô pũtapunta, al estrecho de Magallanes: El basis en que remata, todo lo de tierra firme, y que de alli poco à poco se estiẽdeestiende hasta la Florida, i otras Provincias no conocidas.
Otros mas comunmente, i procediendo cōcon mayor claridad (dexadas à parte las muchas Islas que ColōColon descubrio en el mar del Norte, llamadas de Barlovento, i tratādotratando solo de lo que hasta oy està descubierto de tierrafirme en el Nuevo Orbe) le diuiden en dos grandes partes, ò peninsulas, las quales cerca de Panamà, se vienen à estrechar tātotanto como diximos, en aquel breve Isthmo, ò lengua de tierra, que divide ambos mares. I destas Peninsulas, à la que abraça las Provincias de Nueva España, i sus cōfinantesconfinantes, llaman America septentrional. I à la otra, que començando de Panamà, coge todo el Perù, i el Brasil, i Reino de Chile hasta el estrecho de Magallanes, la suelen llamar America Meridional, porque por la mayor parte caen, i mirāmiran estas regiones al medio dia. I una i otra, segun la mas comũcomun dimension, se estiẽdẽestienden por mas de tres mil i quiniẽtasquinientas leguas, de manera, que por lo largo, hazen, i comprehenden ensi la mitad del globo terrestre. I si miramos lo que corrẽcorren i boxan por las costas del mar del Norte, ay Autor que dize
, son seis mil i quarenta, i por las del Sur, tres mil i treinta i seis.
Los lugares i ciudades que oy se hallan poblados con numerosas Colonias de Españoles en ambas peninsulas, los Obispados, Arçobispados, Audiencias Reales, Virreinados, Goviernos, y Corregimientos, que en las mesmas, i en las Islas de Barlovento se han erigido, i fundado para su mejor governaciōgovernacion i conservacion en lo Espiritual, i temporal, i los largos distritos que comprehenden, se diràn con mayor distincion en otra parte: i ya se hallan suficiẽtemẽtesuficientemente expressados por Antonio de Herrera, i otros Autores.
I assi solo quiero advertir, que demàs de lo que se incluye en las Peninsulas referidas, perteneciente à este Nuevo Orbe, se hallan otras Islas, i Regiones de tierra firme, que aunque estan mas remotas, i declinan àzia el Oriente, todavia caen, i se comprehenden en los terminos del, como son las Malucas, ò Molucas, las Filipinas, los Lequios, Iapones, i costas de la China, i las Islas de Salomon, i tierras de la Nueva Guinea, cuyo descubrimiento intentarōintentaron, i consiguieronconsiguieron Alvaro de Mendaña, i Pedro Fernandez de Quiros, aunque hasta aora no las avemos poblado.
I como estas Islas, i especialmẽteespecialmente las Malucas, por lo precioso de su especeria, i otros aromas, fuessẽfuessen apetecidas, i buscadas igualmente por los Reyes de Portugal, i los de Castilla, que solo para este fin intentaron la navegaciōnavegacion por el estrecho que descubrio Magallanes, pretendiendo cada vno, que tocaban à su demarcacion i conquista, i alegādoalegando por su parte las razones, que se podràn ver en Ossorio, Argensola, i otros muchos Autores;
se vinieron por entonces à cōvenirconvenir, en que el Rey de Castilla se las diesse como en empeño al de Portugal, por trecientos i cinquenta mil ducados.
Lo qual aun no bastàra para escusar las contiendas, que despues con el descubrimiento de las Filipinas se bolvierōbolvieron à suscitar, en que reproducian los mismos derechos, | si Dios, como dize un Autor grave,
no juntarà en aquella ocasion en uno estas dos coronas, cōcon la grāgran justificacion que para ello huuo, i refieren los que entōcesentonces, i aora trataron desta materia.
I aun ay alguno que dize se llegô à desear, aũaun antes que sucediesse, por la soberuia de los Portugueses, i lo mal que hablaban, i procedian en estas contiendas, con notable desprecio de los Castellanos.
I para que mejor se entienda, de que resultauan, i por ser pũtopunto mui necessario para nuestro tratado, es de saber, que como los Reyes de Portugal, despues de aver corrido i pasado con sus nauegaciones todas las costas de la Africa interior, començassen à dar vista à las de la India Oriental, ganaron Bula de Martino V. Romano Pontifice, para que se declarasse por suya la nauegacion, i conquista de todo lo que hubiesse, i se descubriesse desde el Promontorio, ô cabo llamado por los Antiguos de Ganaria, i oy de Buena esperança, hasta lo vltimo de la dicha India Oriental, la qual Bula confirmaron tambien otros Pontifices.
I como despues don Christoval ColōColon començô à descubrir estotras Indias Occidentales, por orden, i en nombre de los Reyes Catholicos de Castilla, i Leon, i con muestras de tanta riqueza, i provecho, como se ha dicho: El Rey de Portugal don Iuan el Segundo lleuô esto mui mal, o por parecerle que estas nuevas nauegaciones, i conquistas desluciādeslucian algo la gloria, que la nacion Lusitana avia començado à ganar con las suyas; ò por juzgar, que todas se comprehendià en lo concedido a sus Progenitores por la Sede Apostolica, teniendose por dueños de todo el Oceano. I assi aviendo sobre estos puntos intervenido embaxadas de una parte à otra, i querido llegar à las armas, por no se aver conformado, al fin se convinieron, en que sus pretẽsionespretensiones se comprometiessen en el Romano Pontifice Alexandro VI.
El qual informado, i enterado de las razones, i derechos de ambas partes, para deslindar, i demarcar los regiones que cada uno podia inquirir, i adquirir de nuevo, sin perjuzcio del derecho del otro, formô, i tirô una linea, que començasse à correr Norte Sur, à poco mas de trecientas leguas de las Islas Hesperidas, que oy se dizen de Cabo Verde, i continuandola por su Meridiano: atravesô, y dividiô cōcon ella el mundo por igual en dos partes. En tal forma, que la que cae al Oriente, fuesse de la corona de Portugal, por la mayor antiguedad, que pretẽdiapretendia en este derecho. I la del OccidẽteOccidente, ô PoniẽtePoniente, à la de Castilla. Mandando, que en las navegaciones guardassẽguardassen la mesma diuisiōdiuision, sin ir los vnos por la derrota señalada à los otros: I que en esta forma ocupassen, i partiessen lo que cada uno en su termino descubriese de mar, i tierra, que hasta entonces no se hallasse posseido, i ocupado por otros Reyes Christianos.
De suerte, que dividiendose, como se divide el Mundo en trecientos i sesenta grados, vinieron à caber a cada uno ciento i ochenta, i esta division fue causa de los nuevos pleitos, que despues hubo sobre las Islas Malucas, como lo dexo apũtadoapuntado, y de ella tratan en varias partes graves Autores Castellanos, Portugeses, i Estrangeros;
i quiẽquien quisiere leer a la letra la Bula, que sobre ella se despachô, la podrà ver copiada por Pedro Mateo, y Laertio Cherubino en las sumas de sus Bularios. Si bien no han faltado algunos sectarios, que la censuren, i hablan de ella con la libertad que acostumbran,
negando en los Sumos Pontifices, la potestad de semejantes donaciones, ô concessiones, à los quales satisfaremos en otra parte.
Infra hoc libr. 1. c. 10.
(?)

CAP. IIII.

CAP. IIII.

De la Naturaleza, Excelencias, i cosas raras del Nuevo Orbe, i de su comparacion al Antiguo, i del Mar del Sur, que le baña.

AViendo dicho (aũqueaunque cōcon brevedad) lo que basta para tener algun conocimiẽtoconocimiento de las muchas, i dilatadas Provincias del Nuevo MũdoMundo, me parece necessario dezir algo, en la mesma forma, de sus Excelencias, utilidades, i propriedades: porque no piense alguno, que lo que tiene de inmenso, pierde su estimacion por lo infrutuoso, i desaprovechado. Si bien no quiero, ni puedo negar, que ay mucho de este genero, en tantas cienegas, pantànos, arenales, pedregales, sierras, montes, bosques, i arcabucos impenetrables, como en el se hallan. I en algunas tierras, que ô por el mucho calor, ô por el mucho frio, son poco aptas para ser habitadas.
Pero esto no quita, ni impide, que debamos celebrar, i alabar lo que en las otras, por mayor parte ay de riqueza, templança, i amenidad. Porque esta desigualdad se halla en todas las del mundo, no solo despues del diluvio, como algunos sintieron mal, sino desde el principio de su creacion. Disponiendolo assi su Hazedor, para que resplandeciesse mas con esta variedad su poder, i sabiduria, i dando à unas Regiones unas cosas, à otras otras, i à otras ningunas, constàsse, que todo pendiò de su voluntad, i quedassen sus habitadores necessitados de buscarse, i comunicarse, i no adorassen por Dios al Mundo, viendole padecer semejantes imperfecciones.
I en comprobacion de esta templança, i amenidad, se puede considerar, que don Christoval Colon, primer descubridor de las Provincias de este Nuevo Orbe, aviendola començado à reconocer, aun en la menos acomodada, que es la Isla de Santo Domingo, por otro nombre la Española, vino casi à pẽsarpensar, que en ellas podia auer estado el Paraiso terrenal, que muchos dizen estuvo plantado debaxo de la Equinocial.
Pero aunque esto no se pueda afirmar sin temeridad, por las varias opiniones que ay sobre el lugar dōdedonde es, ô fue el Paraiso, el qual parece que Dios ha querido encubrir i reservar para si,
todavia no se puede negar, que considerada la tẽplançatemplança, i casi perpetua Primavera de las mas de estas Provincias, merezcan, sino el nombre de Paraiso, el de Huerto de deleite, ô las alabanças del Tempe, Campos Elysios, Islas Atlantidas, ô Fortunadas, que con menos causa fueron tātan estimadas, i celebradas de los Antiguos.
Porque ni en ellas ofende con su frio el Invierno, ni abrasa con su calor el Verano, en tanto grado, que con casas de caña embarradas por fuera, se rechaçan en muchas partes las injurias del tiẽpotiempo, i apenas ay necessidad de mudar vestido. De suerte, que si los que hāhan llegado à habitarlas, echaran de si los grillos de la codicia, i de otros desordenados deseos, con que suelen embaraçarse, i gozando de libertad ingenua, quisieran mas ser señores, que señoreados de las riquezas, passaran en ellas alegre, i dichosamente la vida.
De donde nace, que como en otro tiempo, confiriendo entre si las tres partes entonces conocidas del mundo, se solia disputar de sus excelencias, i si era mejor para habitado el Oriente, que el Occidente?
Assi aora, descubierta esta nueva, que llaman la quarta, se puede justamente poner en question, si les haze ventaja? I verdaderamẽteverdaderamente ay Autores, que se la concedẽconceden,
i Yo los siguiera, si este Nuevo Orbe estuviera tan cultivado, poblado, i habitado como el antiguo.
Porque en grandeza, i templança no se puede dudar, que sea superior, por lo que se ha dicho. I tam|bien lo es en aguas, fuentes, lagunas, i copia de rios maravillosos, i navegables, de que varios Autores hazen particular relacion,
i en especial del llamado Orellana, ô de las Amazonas, que tambien le suelen nombrar Marañon, ô GrāGran Para; del qual confiessa Iuan Baptista Scorcia,
que el Nilo con ser tan grande, que los Antiguos le tenian por Rey de los rios, es sobrepujado de este cōcon muchas ventajas: por que recoje en si mas de otros treinta muy caudalosos, sin otros casi innumerables de menor porte, corriendo mas de mil i seiscientas leguas de las corriẽtescorrientes del Perù, i de el Brasil, desde su nacimiẽtonacimiento; i quādoquando llega à vaciar en el mar del Norte, tiene mas de noventa de boca.
Lo qual se ha explorado mejor que nũcanunca, en las dos navegaciones, que subiendo, i baxando por el desde Quito, hizieron el año de 1639. los Portugueses, que tienen ocupada su boca, acompañandolos por orden de la Real Audiencia de aquella Ciudad el Religioso, i advertido Padre Christoval de AcũnaAcuna, de la Compañia de Iesus, con otro su compañero nombrado Andres de Artieda, que lo miraron, i delinearon todo con mucha atencion, i distincion, i han impresso de ello una maravillosa i agradable relacion, à que me remito.
I lo mismo dize del rio de la Plata, despues de otros Autores, Cardano,
i que su boca es de quarenta leguas, i corre con tanta violencia al Oceano, que los navegantes beven sus aguas dulces mucho antes que del golfo del mar alcancen à ver sus riberas.
Quanto se aventaje en minerales de plata, i oro, pesquerias de perlas, i otras piedras preciosas, quiero omitirlo, por ser tātan notorio, i averlo de tratar en otro capitulo;
pues de solo el Cerro de Potosi sabemos, que se han sacado despues que se descubrio, mas de quinientos millones en lo quintado, sin lo mucho que se dexa entender se avrà sacado sin registrarlo. I assi ay Autor estrangero, que cōfiessaconfiessa, que llueve Dios para nuestros Reyes, quanto engendran precioso el Oriente, i el Occidente.
I es digno de no passar en silencio, lo del Valle, que llamāllaman de Botas, en la Isla de Cuba, que tiene en largo mas de doze mil passos, todo lleno de piedras guijarreñas, redondas, de diferentes tamaños, tan perfectas como si se huvieran hecho con turquesas, ò al torno, de suerte, que se pueden lastrar, i han lastrado dellas muchas naves, i traido à Sevilla paravalas de artilleria.
I lo que es mas de maravillar, en otro Valle de Guatemala se crian unos polvos de açufre salitrado, tan bien dispuesto, que prestan i suplen casi en lugar de la polvora, con que parece, que la naturaleza previno estos almacenes à los Españoles, como esperando su venida à estas tierras.
Pudiera tambien detenerme en mostrar las ventajas, que hazen en dehessas, i pastos, en frutas, i frutos, i en tanta variedad, i excessiva grandeza de arboles, muchos de ellos medicinales, quales son el Palo Santo, China, Cañafistola, Salsafras, çarçaparrilla, i otros infinitos, i en otras raizes, que no solo aprovechan para esto, sino para el sustento. Pero escusolo, por la brevedad à que pretendo reducir este libro, i averlo tratado otros en los suyos con gran distincion.
Contentandome con dezir, que ay algunos, que cavados sirven de naos. Otros, que quando estan ya podridos, i viejos, echāechan de si de noche tal luz, que sirve de antorcha à los caminantes. Otro llamado Maguei, que solo rinde casi quanto se coge de todos; porque del se saca agua, vino, azeite, vinagre, miel, xaraves, hilo, agujas, vigas, i tejas para los edificios, i otras cosas innumerables.
Otro en el Perù de madera esponjosa, que doma los estimulos de la carne, i por esso los Indios nunca hazen fuego del en sus casas, porque su calor, ò humo no los haga impotentes.
Otros, que siempre, sin cuidado alguno, crecen, i se estienden en forma de Cruz.
CalāchCalanch. sup.
La granadilla, que dexado el sa|bor, i olor de su fruta, en hojas, i flores traslada al vivo todos los instrumentos, que intervinieron en la dolorosa Passion de nuestro Redentor, cosa que ha obligado à que muchos, i graves Autores, no solo naturales, sino estranjeros, reparen en sus mysterios, i los celebren en prosas, i versos. Otros, cuyas hojas en cayendo en el agua, se convierten en piedras, ô en pajaros.
Otro llamado Lebete, en Manila, que no prende sino sobre rocas, i peñas vivas, aunque esten debaxo del agua, i las taladra, i abraça de suerte con sus raizes, que despues de crecido, puede apostar con ellas en duracion; de que sacò una pia i moral advertencia el Botero en su Primavera.
Esta misma duracion conserva tambien el Guayacan en el mar, i por esso son sus maderas tan à proposito para fabrica de navios, fuera de otras utilidades, i efectos medicinales, que de ellas se sacan. I es cosa digna de admiracion, que aun de los gusanos que cria este arbol, cayendo entierra, se producen otros arboles, i se agarrāagarran en ella los gusanos con sus perneçuelas, hasta que brotan.
No es menos considerable, i vẽtajosaventajosa la ubertad, i fertilidad en todo genero de semillas, frutas, i legumbres, assi de las que tenian las mesmas Regiones, como de las que se han ido llevando de España, de que refierẽrefieren cosas casi increibles muchos Autores.
I entre otras, que en la Isla Española se dan los melones en tanta grandeza, que apenas puede un hombre sustẽtarsustentar uno sobre los ombros. I que se cojen en todos los tiempos del año, siempre sabrosos, i de buena sazōsazon. I que aunque se aya echado la guadaña al heno, dentro de cinco dias buelve à crecer un codo de alto.
I que en la mesma Isla, i en otras, i en muchas partes de Tierrafirme, una espiga de trigo suele tener dos mil granos, y ser tan gruessa como el braço de un hombre. I cojerse maduros los melones, calabaças, i cohombros dentro de veinte dias despues de plantados; i las lechugas, coles, i lenguabueyes, dẽtrodentro de diez; nuestro trigo dentro de dos meses; i el de los Indios, que llaman Maiz, dos vezes al año, i quando menos à ciento por uno. I finalmente, que en casi todo este Nuevo Orbe siempre estan verdes los prados, i los arboles, i nunca les faltan hojas, sino à muy pocos.
La fecundidad, i multiplicaciōmultipllicacion en aves, ganados, i otros animales terrestres, especialmente en los llevados de España, se podra entẽderentender solo con referir, que en la Isla Española, antes que passassemos nosotros à ella, àvia solos tres, ò quatro generos de animales quadrupedes, i essos tan pequeños como conejos.
I oy està llena de innumerables animales domesticos, i sobre todo de ganado vacuno, que llena los montes, i pastos sin dueño, i se mata solo para aprovechar los pellejos, de que se trae à España la gran cantidad, que sabemos.
I la mesma feracidad experimẽtamosexperimentamos en los cavallos, puercos, cabras, ovejas, i aves de Castilla, assi en aquella Isla, como en otras Provincias, como lo advierten Acosta, i Herrera.
Añadiendo, que en un Valle cerca de Mexico, de solas diez ovejas, le nacieron en diez años à un hombre llamado Camargo, quarẽtaquarenta mil i mas: i que à otro Dean Rodrigo Baptista, le parian las vacas dos vezes al año.
I en los montes del Perù se halla otro animal à quien los Indios llamāllaman vicuña, que es el que cria en su buche las piendraspiedras Bezares, de cuyas propiedades, i utilidades ay escritos libros enteros.
I en alguno se añade (no sè con quanta verdad) que ay tambien piedras Bezares, que se crian en mōtesmontes, i peñas, i se sacāsacan de ellas al modo que otros metales.
I à este modo, en todo genero de cosas ay tātastantas, i tan raras, i provechosas, como maravillosas, que aunque sea en Epitome, no se pueden recoger facilmente; pues han bastado para llenar tātostantos libros.
I à obligar à que confiesse uno muy docto, i grave, con ser estranjero,
Maiol. colloq. 17. pa. 391
que esta abundāciaabundancia i feracidad ex|cede sin duda, à lo que se suele celebrar, i encarecer tanto de la India OriẽtalOriental, i otras Regiones de Asia; porque alli, caso que la aya, es en pocas, i muy distantes, i aqui en todas, i à cada passo.
De donde podemos venir en conocimiento de la poca advertẽciaadvertencia de Adriano Turnebo,
Lib. 14. advers. c. 21.
en afirmar, que es mentira quanto se dize, i encarece de la fertilidad, i riquezas del Nuevo Orbe. I la supina ignorancia, ô afectada envidia, i malicia de Iulio Escaligero,
en escrivir, que ninguna cosa nace en el, que aya sido, ni pueda ser de provecho al antiguo, sino antes de daño. Porque en este se crian cavallos, camellos, bueyes, asnos, i mulos, hermosos, buenos, i muchos; i en aquel, monas, gimios, zarandajas, i cosas de sueño, i hombres, que distan poco de brutos, siendo los de Europa autores de la paz, leyes, costumbres, i virtudes, maestros, i ministros de las guerras, dictadores de las artes, inventores de las ciẽciasciencias, i fundadores de la sabiduria, i que antepone èl la cara de una sola matrona FlamẽcaFlamenca, à todas las Elenas de las Indias.
Porque aunque Iuan Botero,