AL REI NRONUESTRO SORSEÑOR DON FELIPE IV. EN SV REAL, I SVPREMO CONSEIO DE LAS INDIAS. EL DOTOR DON IVAN DE SOLORZANO Pereira del mesmo Consejo, i del de Castilla. S. SEÑOR,

POR mandado del Rey don Felipe III. Nuestro Señor, Padre de V. M. que està en gloria, passè à las Indias Occidentales, con plaça de Oidor de la Real Audiencia de Lima en el Perû, el año de M. DC. X. i se me ordenò, que atendiesse, i escribiesse todo lo que juzgasse concerniente, i conveniente à su Derecho, i Govierno, fiando del buelo de mi humilde pluma, empressa, que requeria otra, que le tuviesse mas levantado.
Puselo en execucion lo mejor, i mas presto que pude, i supe (ya que mi suerte me destinô à començar â servir en aquellas Provincias,
) sin faltar à otras obligaciones, i ocupaciones del cargo, que suelen ser contrarias à tan graves estudios, i obrando mas (segun pienso) en fê, y virtud de tan poderoso mandato, que con mi corta capacidad, de que aun | suelen, i deben confiat menos los que mas saben.
Buelto à España, los di à la Estampa en diversos tiempos, escritos en lengua Latina, i divididos en dos Tomos, con el Titulo, De IndiarũIndiarum iure & Gubernatione; los quales puse luego à los pies de V. M. dedicados, como era justo, à su Real nombre, con segura esperança, que èl solo, puesto en su primer plana (mucho mejor que el de la Diosa Vesta, cuya efigie los Romanos ponian en sus portales, ) podria bastar, para hazerlos de alguna estima, i librarlos de las calumniosas censuras de los muchos Zoilos, i Aristarchos, que en todos siglos, i principalmente en el nuestro, estàn afilando sus dientes, para morder semejantes trabajos.
I parece, que esto se ha conseguido, pues en todas partes han sido bien recebidos, i vienen ya citados aun por los Estrangeros, con tan encarecidos elogios, que caso que excedan loque merecen, pueden persuadir por lo menos, que tiene algo de bueno, lo que en tanta diuersidad de Naciones no se va juzgando por malo.
Dioseme à entender entonces, que seria del gusto, i servi|cio de V. M. que estos libros se pusiessen en lengua Castellana, para que gozassen dellos los que no entiendẽentienden la Latina; i lo mesmo me han pedido por cartas, muchas personas de las Indias bien advertidas, diziẽdodiziendo, quanto se desea en ellas su traduccion, i que las noticias que encierran, i questiones que tocan, i resuelven, puedāpuedan ser comunes à todos, i tengan llave con que poderlas abrir, de qualquier manera, ò forja que sea, como en otro caso lo dixo S. Agustin.
No ignoro, que nuestra lengua, en el estado en que oy la tenemos, i en quien sabe usar biẽbien de ella, tiene igual, i aun superior elegancia, como lo advierten, i prueban graues Autores, i de la suya Latina, en comparacion de la Griega, lo dexò escrito Ciceron.
I que aun parece mayor decencia hablar, i escribir en ella à los Reyes, pues ellos ponen su autoridad en no usar de otras en sus respuestas, decretos, i cartas, aunque las sepan, i ninguno huvo bien advertido, que no procurasse estender su Idioma Patrio, donde su Imperio.
Pero todavia no quise, ni pude acomodarme à traducirlos letra por letra, assi porque vi|niera a ser muy crecido, i embaraçoso el volumen, en tiempo, que esto solo basta para engendrar fastidio à los Letores, segũsegun que aun enel suyo lo reconocio con prudencia Plinio Iunior.
Como, porque, ni la copia de lugares, alegaciones, modos de hablar, i algunas disputas, que han podido passar, i parecer biẽbien en los Tomos Latinos, no tuuieran el mesmo agrado, i lucimiẽtolucimiento en los de Romance, que es lo que siempre, en opinion del glorioso San Geronimo, i de otros cuerdos Autores, ha hecho dificultosas las traducciones.
I por esta causa determinè no atarme tanto a la letra, como al intento, i mejorandole, i añadiendole en muchas partes, i abreviandole en otras, he sacado de ambos esta, que intitulo Politica Indiana, que comprehende todo lo sustancial dellos en solo vno, que es en lo que, segun dotrina de Seneca, consiste la valentia del artificio.
I si, aun como sale, la tuviere alguno por larga, serà justo, que con el mesmo Seneca, i otros,
advierta, que Materias grandes requieren grandes tratados, I que si aun Plinio Iunior, i su Simia el Apolinar, disculpan lo prolixo en la descripcion | de sus granjas; porque ellas erāeran tales, que no permitian menor escritura, no puede con razon juzgarse por largo vn libro, que abraça la inmensidad del grande, i espacioso Orbe, ò Mundo, que llaman Nuevo. I en que se pretende principalmẽteprincipalmente descubrir, i enseñar al Antiguo, no tanto su fertilidad, i riquezas, como los fundamentos de la Fè, Piedad, Religion, Iusticia, i Govierno Christiano Politico, que en èl se ha entablado.
Para que todos, en todas partes conozcāconozcan, que à V. M. i à sus Gloriosos, i no menos Poderosos, que Catolicos Progenitores, les pareciera pequeña hazaña, aver añadido tan grande, i dilatado Imperio â los suyos,
sino huvieran procurado, i procuraran establecerle, i conservarle con leyes Pias, Santas, i Iustas, i con saludables costumbres, i enseñamientos.
En efeto como quien sabe, que es mas prevenir los fines, que hallar los principios,
i que no se requiere menor recato en conservar los Reinos, que en adquirirlos, i ser solo firmes, i durables aquellos, que guarda, i defiende la Prudencia, i cuidado de los Principes que los rigen.
Pues en opinion de los que bien siẽtensienten, las buenas, i santas leyes, i costumbres, son sus mas seguras murallas.
I prestan poco las vitorias cōcon que se expugnan, i adquieren, aunque excediendo los limites de la tierra, puedan igualar los del cielo, si despues de adquiridos, se vive en ellos con relaxacion de costumbres, se carece de entereza, justicia, i respeto en sus Curias, i Tribunales, ò se falta à la Religion, culto, i veneraciōveneracion de las cosas sagradas, que es el principal apoyo de los Imperios.
Esto, aunque en todos tiempos, i partes ha sido siempre como Blason hereditario de la Augustissima Casa de Austria, i España, como Yo lo pruebo en muchas de estos Escritos, i lo reconoce en los suyos el Eminentissimo Cardenal Baronio. Pienso, que en ninguna se ha practicado con mayor vigilancia, que en las Provincias de las Indias, donde (aun quando Yo quisiera callarlo) descubren la grande, i continuada Piedad de V. M. i de sus Passados, tantas, i tan barbaras, i fieras naciones, reducidas a la Iglesia de Christo; tantos Templos no menos magnificamẽtemagnificamente fabricados, que cōcon largueza dotados, i enrique|cidos; tantos Arçobispos, Obispos, PrebẽdadosPrebendados, i Beneficiados dellos: tantos Sacerdotes Seculares, i Regulares, diputados para la dotrina, i Catecismo de los Indios, i sus Missiones, i Conversiones, buscados, i liberalmente sustẽtadossustentados para estos ministerios con igual diligencia.
Lo qual aun no pueden negarlo muchos Autores de Naciones estrañas, con ser de ordinario poco afectos à la Nuestra, i assi lo encarecen en sus libros, diziendo, que lo mesmo cantācantan, i alaban en el cielo los Angeles, en cumplimiento de lo profetizado por Isaîas, i S. Iuan en su Apocalypsi, de que Yo en estos mios hago tābientambien repetida mencion.
Donde juntamente encarezco el cuidado, i vigilancia en procurar la salud, amparo, i defensa temporal de los Indios, i en despachar, i promulgar casi todos los dias, leyes, i penas gravissimas contra los transgressores. Obrando en esta parte, quātoquanto pudo, i puede alcācaralcancar la Prudencia, i ProvidẽciaProvidencia Humana, i apresurando, i igualando los castigos con los excessos, que es solo el modo que se halla para emendarlos. Por ser, como es llano, que no puede dexar de | averlos, mientras huviere hombres;
especialmẽteespecialmente en Provincias tan apartadas, en las quales (como lo reconocen Varones de grande experiẽcìaexperiencia, ) los mādatosmandatos de los Reyes suelen ser tardos, i vanos, ò llegan floxos, i se descubre mas ancho campo à los que las habitan, ò goviernan, para juzgar, i tener por licito, todo lo que les pide, ò persuade su antojo.
De las leyes, i cedulas que descubrẽdescubren este zelo, i cuidado, cito infinitas en estos Libros à cada passo, i vale por muchas, para defensa, i satisfacion de las calumnias con que en esta parte quieren mancharnos los Estrangeros,
la de tres de Iulio del año de M. DC. XXVII. en la qual, no contento V. M. cōcon las penas, i apercebimientos que este su Real, i Supremo CōsejoConsejo de las Indias, siempre lince en tales materias, avia consultado, para que del todo se quitassen, i castigassen las injurias, i opressiones de los Indios, i los servicios personales, que se endereçaban à particulares aprovechamiẽtosaprovechamientos, i grāgeriasgrangerias, puso de su Real Mano, i Letra las palabras siguientes: Quiero me deis satisfacion a Mi, i al MũdoMundo, del modo de tratar essos mis vassallos, i de no hazerlo, con que | en respuesta de esta Carta vea Yo executados exemplares castigos en los que huuieren excedido en esta parte, me darê por desservido. I asseguraos, que aunque no lo remedieis, lo tengo deremediar, i mandaros hazer gran cargo de las mas leves omissiones en esto, por ser contra Dios, i contra Mi, i en total destruiciōdestruicion de essos Reinos, cuyos Naturales estimo, i quiero sean tratados, como lo merecen vassallos, que tanto sirven à la Monarchia, i tātotanto la han engrādecidoengrandecido, i ilustrado.
En lo qual mostrò V. M. estar advertido, de que conviene, que el Principe se duela mas de los trabajos, i calamidades de sus subditos, que de las suyas.
I que segun aquella celebrada, i repetida sentencia de Seneca:
No puede aver ornato mas digno de su grandeza, que la Corona que llegare à merecer por los vassallos que huviere guardado.
Ganando con estos renglones otros tātostantos grados de gloria, no solo humana, sino divina (sea me licito dezirlo assi, cōcon temeridad piadosa,
) i descubriendo el ardiente zelo, con que junta, i hermana la Piedad, i la Ivsticia, Virtud que encierra en si las demas,
I en cuyo estudio deben poner todo su cuidado los Reyes, pues ella fue la que dio prin|cipio, ò motivo para criarlos. Para cuya recta administraciōadministracion, i distribuciōdistribucion, i el buen govierno de todas las cosas del estado de sus Reinos en Paz, i en Guerra, aunq̃aunque pudiera V. M. fiar tātotanto de solo el suyo, pues le experimẽtamosexperimentamos en todo tātan acertado, i que en la assistencia, destreza, i brevedad del despacho de los negocios, no cede a alguno de sus Mayores:
tiene todavia dispuestos, i escogidos tan Fieles, Prudentes, i Vigilantes Consejos, i Consejeros, que dignamẽtedignamente son alabados, i embidiados de otras Naciones,
i merecẽmerecen la cōfiançaconfiança cōcon que V. M. descansa, i reclina en ellos tanta parte de sus cuidados.
Como quiẽquien conoce, que el que por solo el suyo lo quiere governar todo, debe ser reputado por soberbio, mas que por sabio:
i que desde que huvo Reyes en el Mundo, se tuvo por conveniẽteconveniente, se ayudassen de tales CōsejosConsejos, siendo por esta causa tanto mas estimados, quanto pecaban menos de presumidos.
Entre los quales, no es el que sirve, obra, luze, i merece menos el de las Indias, pues se estiende su atencion â todo un Imperio, que abraça en si tantos Reinos, i tātan varias, ricas, i poderosas Provincias, ò por mejor dezir una | Monarchia, la mas estendida, i dilatada, que se ha visto en el Mundo, pues comprehẽdecomprehende en efeto otro MũdoMundo, muchas vezes mayor, que el que antes se avia conocido, i hallaba poblado en Europa, Africa, i Asia, mediante lo qual se puede oy dar por todo èl una buelta, sin salir nunca de los terminos del Feliz, i Augusto Imperio de V. M.
I exerce Suprema jurisdicion en tierra, i mar, en todos los negocios de Paz, i Guerra, Politicos, i Militares, Civiles, i Criminales, i sobre onze Audiencias, ò Chancillerias, que ay en las mesmas Indias, i la de la Casa de la Contratacion de Sevilla. Consultando en lo temporal la provisiōprovision de todos sus Ministros, Virreyes, Presidentes, Governadores, Corregidores, Contadores, i otros inumerables cargos: I en lo Espiritual, un Patriarcado, seis Arçobispados, treinta i dos Obispados, docientas Dignidades, treciẽtostrecientos i ochẽtaochenta Canonicatos, i otras tātastantas Raciones, i otros muchos, i gruessos Beneficios, que seria largo quererlos referir en particular, i mas aviendolo yâ hecho varios Autores.
I uno de ellos, con ser Estrangero, pōderapondera muy en particular los buenos efetos, que ha obrado, i | obra la atẽcionatencion, vigilāciavigilancia, i prudencia deste mesmo Consejo,
i las Alabanças de que por este titulo se han hecho, i hazen dignos los que en êl sirven; las quales, tambien puedẽpueden entrar en parte de las de V. M. pues se tiene por una de las mayores de los Reyes, acertar à elegir, i poderse, i saberse servir de buenos Ministros,
i la fama de los Señores crece, i se descubre mas cōcon el esplẽdoresplendor, i buẽbuen proceder de los que los sirvẽsirven, renovando siempre que esto miran, el gusto del buen juizio que tuvieron en elegirlos.
Pero no es mi intẽtointento, ni permitẽpermiten mis cortas fuerças, engolfarme en unas, ni otras, sino mostrarme, como mejor puedo, estimado, i agradecido, de aver llegado à ser uno de los del numero deste Supremo CōsejoConsejo, i servido en èl tantos años. PoniẽdoPoniendo en sus manos este Libro, cuyas Noticias por mayor parte debo á sus Enseñanças, i esperando, que por tal Medio llegàra mas seguro, i agradable à las de V. M. à cuyas Aras, i Proteccion va consagrado, i en cuyo Real NōbreNombre se ha trabajado. I que si alguna vez tuviere suerte, de que V. Mag. passe por èl los ojos, se podrà enterar del grande trabajo que avrè puesto en juntar, | disponer, i ilustrar tātan varias materias, en que me atrevo a afirmar sin jactāciajactancia, que soy (como Lucrecio, i Horacio lo dixeron à otro proposito ) el primero que las ha escrito, Sin poner plātaplanta sobre huella agena. I que, dado caso, que en las mesmas, algunos pudierāpudieran dezir, i jũtarjuntar algo, no se si otro que Yo, pudiera aver dicho tātotanto, ni tocado, i resuelto tan varios pũtospuntos, i questiones,
i dado alcācealcance i nueva luz à tantos millares de cedulas, i ordenāçasordenanças Reales, como en esta Politica se hallan alegadas, i declaradas. Para cuya busca, i letura parece que apenas puede aver bastado la vida de un hōbrehombre, pues CicerōCiceron confiessa,
que aunq̃aunque se le doblara la suya, no la tuviera bastante, para leer los Poëtas Lyricos.
V. M. entre tanto, que es mi Mayor, i Mejor Planeta, se sirva de mirarme con aspecto Benigno, qual otro Ivpiter Ayvdador,
recibiẽdorecibiendo mi volũtadvoluntad, favoreciẽdofavoreciendo mis Escritos, i hōrandohonrando cōcon su Real GrādezaGrandeza, lo que pareciere bien trabajado, i dissimulando, i perdonando las faltas con su acostũbradaacostumbrada ClemẽciaClemencia, pues no las ha ocasionado la Vanagloria, sino la precisa Obediencia de sus MādatosMandatos,
i el Deseo del bien comun, i de aprovechar | à ambos Mundos enlo que he podido, i mis cortas fuerças han alcançado. I en lo que toca al Premio, que puede corresponder à este humil de servicio, lo dexo al Arbitrio de V. M. de cuya grādezagrandeza espero, que sabrà mejor buscar, i hallar el que honrarme, i acomodarme, que Yo proponerlo, ni suplicarlo. Teniendo en Memoria, i en Voluntad la sentencia de Cassiodoro, en que nos dize, i enseña: Que el mas firme, i continuo proposito del Principe debe ser, honrar con Palma de colmada remuneracion los honestos trabajos. Porque viendo premiar, i que llegò su vez à los que se ocupāocupan en ellos, se muerdan de embidia los que no han sabido imitarlos, i puedan imputarse à si mesmos, i à su propria floxedad, i pereza, no aver merecido Premios en tiẽpotiempo de Principe tan Clemente, i que sabe repartirlos con tanta igualdad.
I permitaseme que cōcluyaconcluya, restituyendo a V. M. las Precaciones que se le deben, i usurpò Lampridio, aplicando las à AlexādroAlexandro Severo:
Dios guarde à V. M. Dios nos le dio, Dios nos le conserve. Felizes nosotros con el Imperio de V. M. Feliz la Republica. En V. M. lo tenemos todo. Por V. M. lo tenemos todo. Viva, Valga, i Reine muchos años.