LIBRO TERCERO DE LA POLITICA INDIANA.

EN QVE SE TRATA DE LAS Encomiendas de los Indios.

CAPITVLO PRIMERO.

Del nombre, i origen, de las Encomiendas de los Indios, i de la justificacion de ellas, en la forma que oy se pratican.

AViendose dicho en el libro passado, lo que ha parecido conveniente, cerca del servicio personal de los Indios, se sigue, que tratemos en este de sus Encomiendas, por ser materia concerniente à los mesmos, i propria, i municipal de las Indias, sobre que ay tantas cedulas Reales, i se ofrecen cada dia tantas dificultades.
I començando por el nombre de ellas, no quiero detenerme en inquirir, si se les pudiera aver dado otro, que fuera mas ajustado al intento, supuesto que ya vsamos este, i nos entendemos con èl, que es lo que se ha de mirar en los vocablos, como lo enseñāenseñan Quintiliano, i otros,
i prevalece à la propriedad de ellos. Demas, de que, como Ciceron dize,
Cicer. lib. 2. Acad. quæst.
siempre fue licito inventar para cosas nuevas, nuevos vocablos.
I este, (segun parece) no es ageno del intento, i se ocasionò del origen, que tuvieron estas encomiendas. Porque es de saber, que luego que por don Christoval Colon se començar on à poblar las primeras islas, que en estas Indias se descubrieron, como estuviessen entonces tan llenas de Indios, i los Españoles que las descubrier on i poblaron, necessitassen de su servicio, i trabajo, assi para sus casas, como para la busca, i saca del oro, i plata, labor de los campos, guarda de los ganados, i otros ministerios, pidieron à don Christoval les repartiesse algunos, para que acudiessen à ellos, i el lo hizo, porque le parecio por entonces conveniente, i inescusable. I lo mesmo continvò despues Nicolas de Ovando, i otros Governadores en las mesmas Islas; i à su imitacion don Fernando Cortès, conquistada la Nueva-España, el AdelātadoAdelantado Francisco MōtejoMontejo en la prouincia de Yucatan, i assi otros en otras, que tuvieron à cargo, dando à su modo, varias salidas à las provissiones i mandatos Reales, que se lo prohibian, i siempre desearon el alivio, i total libertad de los Indios, i tomando pretextos, de que ni ellos, ni aquellas tierras se podian poblar, ni conservar de otra suerte.
I porque, respeto de lo referido, les daban los Indios por tiempo limitado, i mientras otra cosa no dispusiesse el Rey, i les encargaban su instruccion, i enseñança en la Religion, i buenas costumbres, encomendandoles muchos sus personas, i buen tratamiento, començaron estas reparticiones à llamarse, Encomiendas, i los que recebian los Indios en esta forma, Encomenderos, ò Comendatarios, del verbo Latino, Commendo, que unas vezes significa recebir alguna cosa en guarda i deposito, otras, recebirla en amparo, i proteccion, i como debaxo de su fè, i clientela, segun parece por muchos textos, i Autores que de esto tratan.
I esta ultima significacion juzga el Padre Ioseph de Acosta,
que es la que mas quadra al nombre, i intento de nuestras Encomiendas, i que de ella pende su etimologia, ò derivacion, diziendo, que assi los llamar on Encomenderos, Por el cuidado, i providencia que debian tener de los Indios que se pusieron debaxo de su fè, i amparo.
I en la mesma significacion son llamados en el Reino de Napoles, i en Alemania, i otras partes, Commendati, Recommendati, ò Affidati, un genero de hombres, que no llegan à ser vassallos, pero se han puesto debaxo de la proteccion, i defensa de algun Poderoso, como lo observan varios Autores.
I de ella usa, en caso semejante, una ley de la Recopilacion,
que dize, que en España, El Rey solo es Comendero de lo Abadengo, i de sus ciudades, i villas, i lugares, &c.
Pero estos repartimientos de Indios, que por esta causa, i forma se introduxeron, començaron à descubrir luego muchos daños, i incōveniẽtesinconvenientes; i à quitar casi del todo la libertad de los Indios Encomendados, que tanto se deseaba, i procuraba, porque los EncomẽderosEncomenderos, atendiendo mas à su provecho, i ganancia, que à la salud espiritual, i temporal de ellos, no avia trabajo en que no los pusiessen, i los fatigaban mas que à las bestias; lo qual los fue menoscabādomenoscabando mucho, como lo refiere, i encarece, en un particular tratado que de esto hizo, el Obispo de Chiapa.
Por lo qual, se fue tratando, i ordenando, que se quitasse, despachandose varias provisiones para ello à Diego Velazquez el año de 1518. i à Fernando Cortès el año de 1523. que se hallan entre las impressas,
en que despues de referir los dichos daños, i vexaciones, se dize: Que aviendose mandado platicar sobre ello à los del Consejo, i à Theologos Religiosos, i personas de muchas letras, i de buena i santa vida, parecio, que Nos con buenas conciencias, (pues Dios nuestro Señor crio a los Indios libres, i no sujetos) no podiamos mandarlos Encomendar, ni hazer repartimiento dellos a los Christianos, i assi mandamos no se hagan, i se quiten los hechos.
Mas como ya la mala costumbre avia echado raizes, no fue facil de arrancar, antes los Governadores, i Pobladores, representaron tantas quexas, i inconvenientes de la execucion de estas nuevas provisiones, por dezir, que no se podrian conservar las Indias, ni aun los mesmos Indios sin estos repartimientos, i que les seria forçoso desampararlas que se despacharon otras, mandandolas sobreseer.
Exemplo que basta solo para darnos à entender, quan verdadera es la sentencia del Emperador Iustiniano,
que dize, que en dandose un principio ilicito, ò errado se recrecen dèl muchos daños; i que fluctuan en mar tormentoso de inconvenientes, los que comiençan à apartarse del camino derecho de la razon, segun otro de Veleyo Paterculo.
Pero continuādocontinuando nuestros Piadosos Reyes la solicitud, i deseos, que siempre han tenido, de la libertad, i bien de los Indios: finalmente se hallò forma de conseguirlo, i oidas, i consideradas las razones, i dificultades, que en este negocio se proponian por ambas partes, tomaron resolucion, de que ni en las islas, i provincias hasta entonces descubiertas, ni en las del Perù, que à la sazon iba descubriendo don | Francisco Pizarro, ni en qualesquier otras, que adelante se descubriessen, i poblassen, por ningun modo se diessen los Indios por esclavos à los Españoles, ni se les pudiessen entregar, ni encomendar à titulo de servicio personal, sino que se señalasse alguna cierta i moderada cantidad, que cada uno de los Indios pudiesse, i debiesse pagar al Rey por via de tributo, i que de lo que estos tributos, assi tassados, montassen, con licencia del Rey, los Governadores de cada provincia, que tuviessen poder especial para ello, fuessen repartiendo entre los conquistadores, i pobladores dellas, i otros benemeritos, lo que les pareciesse, i de esso gozassen por su vida, i la de un heredero, conforme à la ley que llamaron de la sucession, de que trataremos des pues, i con cargo que tuviessen cuenta, de que los Indios cuyos tributos se les señalassen, fuessen bien tratados, i dotrinados, i de acudir por esta merced que se les hazia, no solo como vassallos ordinarios, sino como feudatarios, al servicio del Rey, i defensa del Reino, siempre que la ocasion lo pidiesse, i de cumplirlo assi, hiziessen juramẽtojuramento especial de fidelidad. Segun que todo lo referido consta mas largamente por las innumerables cedulas, instrucciones, i provisiones que para ello en diferentes tiempos, i à diferentes provincias se han despachado, que las mas se hallan juntas en el segundo tomo de las impressas.
Que todas son dignas de leer se, para saber lo mucho que se variò i trabajò en esta materia, hasta entablar esta resolucion.
Cuya historia, refieren tambien largamente Acosta, Herrera, i otros Autores,
i con mayor distincion, i diligencia que todos, el Licenciado Antonio de Leon à quien ya otras veces he citado, i alabado en estos escritos, en el docto, i terso tratado que escribio De las confirmaciones Reales, por todo el capitulo primero de la primera parte.
Svpvesto pues por notorio, i verdadero lo que se ha dicho, de ello podemos inferir en primer lugar, que las objeciones, i declamaciones, que el Obispo de Chiapa escribio contra estas Encomiendas i daños de ellas, con que tanto nos dan en rostro los Emulos de las glorias, i aumentos de nuestra nacion, pudieron proceder, quando se usò la forma de las primeras, que se introduxeron, sin saberlo, ni quererlo nuestros Reyes, i luego que tuvieron noticia de ellas, las repugnaron, i en efeto las mandaron quitar, i quitaron, como se ha visto. Pero en las segundas, como oy se pratican, cessa todo lo que èl lamẽtalamenta, i opone; pues los Indios no quedan por esclavos, ni aun vassallos de los Encomenderos, i solo reconocen al Rey por Señor, como los demas Españoles, i de los tributos, que a èl, como à tal, le deben pagar, por su voluntad, i mādadomandado, i una como subrogacion, ò delegacion, se dan aquellas partes de renta à los Encomenderos, sin que tengan que entrar ni salir con los Indios, ni les puedan pedir otra cosa, i antes con cargo, de que procuren su amparo, i defensa, i paguen à los Curas, que los dotrinan i administran en lo Espiritual, i à las justicias, que los goviernan en lo temporal.
Lo qual juran cumplir puntualmente, i haziendolo assi, como estan obligados, ya se vè, que no se puede hallar, ni halla dureza, ni injusticia alguna en estas Encomiendas, pues es llano, que puede el Principe, como otro qualquier privado, mandar que se den à otros, (i mas siendo tan benemeritos) en todo, ò en parte, los tributos de que èl era dueño, i le pertenecian conforme à derecho.
I assi hablando en los proprios terminos de estas encomiendas, como oy se usan, lo reconoce por opinion segura, i corriente de Theologos i Iuristas, el Padre Ioseph de Acosta, Antonio de Herrera, Iuan Matienzo, i otros Autores.
I en particular el Licenciado Antonio de Leon en el tratado que dexo citado,
donde refiere una por una | todas las objeciones del Obispo de Chiapa, i las da evidente satisfacion. Como tambien lo hizo muchos años antes el Licenciado Bartolome de Albornoz, en el que con mucha distincion, i claridad escribio del arte de los contratos,
dōdedonde, con la mesma, por quatro hojas enteras, escribe la forma antigua, i nueva de estas Encomiendas, que en sustancia es la que dexo referida, i en particular trata de las de la Nueva-España, como quien estuvo muchos años en ella, i despues de assentado el hecho, va fundado el derecho de este genero de mercedes Reales, i satisfaciendo las objeciones del Obispo de Chiapa. I de camino dize quien fue este Obispo, i su modo de proceder, i con quan poca razon i fundamento llenò el Mundo de quexas de los agrauios, i vexaciones que en todas partes se haziāhazian à los Indios, no aviendo èl estado sino en las menos importantes de las Indias, i refiere los graves varones, que en aquel tiempo escribieron contra èl, i si la guerra, i conquista de los Indios, i estas Encomiendas se pudieron hazer con justicia.
I si lo que se haze siguiendo exemplares, i mas quando son abonados, parece que tiene por si la presuncion del derecho,
muy en nuestros terminos es el de san Gregorio,
que permite à unos nobles de Cerdeña, que cobren moderados tributos de unos infieles, cuya conversion se les avia encomendado, pues esta enseñança espiritual, requiere alguna correspondencia, i utilidad en lo temporal.
I tambien conduce, lo que despues de Inocencio, i otros, resuelve Camilo Borrelo,
conviene à saber, que pueden los Principes ceder, i passar à sus Varones, i Feudatarios el derecho, que à ellos les compete, de cobrar tributos, penas, i multas de sus vassallos, i que hecha esta cession, i traspasso, son vistos subrogarse en lugar del Principe, que les concedio el privilegio.
I yo tengo un Consejo manuscrito del docto i venerable varon Fray Alonso de Castro, que estando, (segun parece) en Londres, el año de 1558. à donde avia passado en servicio, i seguimiento del señor Rey Felipe II. fue consultado sobre este mesmo punto de las Encomiendas de que tratamos, i si se quitarian del todo, por las razones i daños que ponderaba i exageraba Chiapa, i finalmente resuelve, que por el gran desconsuelo, que se causaria à los antiguos conquistadores, i pobladores de las Indias, si se les quitassen, i las sediciones, i alborotos, que esto podria ocasionar en Regiones tan apartadas, i dōdedonde estaba ya essotro recebido en costũbrecostumbre, se podiāpodian, i debian tolerar, i continuar, i aun venderse por el Rey, ò perpetuarse, quando le pareciesse ser conveniente.
I trae en comprobacion de esto el exemplo de la ley Agraria Romana, de que habla san Agustin,
i otros, que pruebāprueban, que quando ya algun vicio se ha hecho costumbre en alguna Republica, i no se puede quitar del todo sin peligro, porque si se quitasse se podria recelar, que los subditos prorrumpiessen à cosas de mayor daño, es sano, i prudente consejo, el tolerar, i dissimular, mejorando las cosas en lo que el estado de ellas buenamente lo permitiere.
En segvndo lugar, i de los mesmos principios que llevo assentados, podemos inferir la explicacion, i pratica de una ley de las Recopiladas entre las de Castilla,
que de otra suerte fuera dificultosa, i al parecer muy contraria à lo que vamos diziendo en favor de estas Encomiendas, por quanto dispone, Que de alli adelāteadelante, ninguna merced se haga a persona alguna de Indios. Porque se ha de entender, mirado el tiempo en que se promulgò, que fue quando andaban tan vivas las contradiciones del Obispo de Chiapa, i las muchas juntas, conferencias, i disputas, que se hazian para calificarlas. Lo qual ocasionò que en las Cortes de Madrid del año de 1523. se pidiesse lo que por esta ley se concede.
Pero esso no se guardò, i des|pues se promulgaron otras, que se llaman las de 1542. en que se mādaronmandaron quitar del todo las Encomiendas, i que los Indios concedidos à titulo de ellas, ò sus tributos, se bolviessen à incorporar en la Corona Real, como parece por la relacion i decision de algunas cedulas que de esto tratan.
Pero estas nuevas leyes por las grandes contradiciones, i reclamaciones que à ellas se hizieron, se revocarōrevocaron por otras del año de 1545.
Extant d. 2. tom. pag. 197.
I finalmente se assentò, permitiò i continuò la nueva forma de encomendar, de que vamos tratando, con que en esta parte quedò, i se puede tener tambien por revocada la dicha ley de la Recopilacion, como en la glossa de ella, lo advierte bien Iuan Matienzo, i Albornoz en el lugar que he referido, dize, se pudiera escusar el averla recopilado, porque la ley original de donde se sacò, es, no solamente impertinente, mas revocada en su primera parte, que trata de las encomiẽdasencomiendas de los Indios.
I caso, que aun esto no fuera en si tan cierto como lo es, la debemos entender, i praticar, restringiendola à solo el caso que denota el tenor de su letra, conviene à saber, que no se puedan conceder Indios en propriedad, i vassallage à ningun particular, porque esto està prohibido assimesmo por otras muchas,
juradas por nuestros Reyes, que han prometido no abdicar de si lo Demanial de las Indias en todo, ni en parte, aunque esto se aya dispensado por justas causas con los Duques de Veraguas, Marqueses del Valle, Oropesa, i otros, dandoles pueblos de Indias, i Indios en vassalage.
Pero quando solo se conceden los tributos de ellos, como sucede en las EncomiẽdasEncomiendas ya reformadas, bien podemos dezir, que no se contraviene à la dicha ley; pues como tambien sobre ella lo notan MatiẽzoMatienzo, i Azevedo, la propriedad de los Indios, i aun de los mesmos tributos, i todo su universal dominio, jurisdicion, i vassallage, i el congregarles en pueblos, i reducciones, i hazer leyes, ordenanças, i tassas para ellos, todo ha quedado i queda incorporado en la persona i Corona Real.
CAP. II.

CAP. II.

De las causas que huvo, i ay para introducir, i continuar las Encomiendas, que oy se usan Con que se persuade mas su justificacion.

ESta forma, que assi oy se usa de encomendar, demas de estar libre de dureza en agravios de Indios, i de otros inconvenientes, como queda probado, tiene en si, i por si las otras causas i razones, que dexamos apuntadas, i ayudaron, i aun obligaron à introducirla, i que cumpliendose con ellas como se debe, la hazen del todo mas util i justificada, i muy parecida à semejantes costumbres de que usan otras naciones.
Porqve, començando por la que huvo de obligar por este medio à los Encomenderos, à cuidar quanto puedan de la dotrina Espiritual, i defensa temporal de los Indios; cuyos tributos se les reparten, ya se vè, quan santa es, i quan necessaria, pues como lo dize el Padre Acosta,
ninguna cosa pudo hallarse mas saludable, que encargar estos nuevos, i rendidos Christianos, à la diligencia, i defensa de los viejos, i poderosos, como se hazia en la primitiva Iglesia, segun lo refiere san Dionisio Areopagita,
Dionys. Eccles hier. c. 9.
dando à los recien bautizados, para el mesmo efeto, los que entonces llamaban Supsceptores, i oy, continuando este uso, aunque no tan bien praticado, los llamamos Padrinos.
Porque la razon natural, pide, i obra, que los mas prudentes, i entendidos, sean como ley, luz, i guia à los que no alcançan tanto.
I as|si los Griegos, aun por sola la presuncion que en si tenian, de que erāeran mas sabios que las otras naciones, à las quales juzgaban, i llamaban incapaces, i barbaras, dize Euripides,
que pretendian arrogarse el Imperio de todas ellas.
I lo mesmo enseña Sophocles, i Halicarnaseo,
que milita i procede, en valerse los pobres, flacos, i humildes, del favor amparo, i defensa delos ricos, i poderosos, teniẽdoteniendo este modo de compañia por muy importante, i por ley sempiterna, i la mas recebida del mundo.
I aun mas en nuestros terminos Atheneo, i otros muchos Autores
que pruebāprueban, ser esto no solo usado, sino muy conveniente, i provechoso, a los que no pudiendo ser casi dueños de si mesmos por su flaqueza, se rindẽrinden voluntariamente à otros, que lo sean, i los defiendan, dādosedandose reciprocamente unos à otros la debida recompensa i satisfacion en lo necessario; como los Mariandinos se sugetaron à los Heracleotas; los Penestas, ò Menestas à los de Thesalia, i assi otros muchos entre los Griegos, i otras naciones; i oy en Aragon, los vassallos, que llaman de servidumbre, i otros de quien trata largamente Calisto Remirez, i Camilo Borrelo.
I en esta conformidad avia costumbre antigua entre los AtheniẽsesAthenienses, que despues se entablò tambiẽtambien en Roma, por ley de Romulo su primer fundador, que los hombres forasteros, plebeyos, ò desvalidos, se encomendassenen la fè, amparo i clientela de los Patricios, i poderosos, i estos se llamassen Patronos, i los otros Clientes, i se guardassen entresi, debidas correspondencias, ayudas, regalos, i galardones, conforme la calidad de sus personas, i estado, de que escribio largamente Plutarcho, i otros infinitos,
i assi no necessito de copiarlo. Especialmente aviendo salido el tratado de Martin Magero, Kochier, i otros Alemanes,
que con ocasion de las Protecciones que en aquella tierra se usan, han juntado quanto parece se puede dezir en esta materia.
Pero ajustandome mas à la de nuestras Encomiendas, i en terminos de ella, haze assimesmo memoria de estos Patronatos, i CliẽtelasClientelas de Griegos, i Romanos, el Padre Ioseph de Acosta,
Acost. dict. lib. 3. c. 10.
i dize, que aunque se pueda sustẽtarsustentar el nombre de que usamos de Encomenderos, èl tuviera por mejor, que los llamaramos Patronos, ò Susceptores, como tambien en los Varones de Aragon lo juzga Calisto Remirez.
i. Remirez ubi sup.
La qual palabra Patron, dize Plutarcho,
que se tomò de vno de los que siguieron à Evandro en Italia, que se llamaba assi, i tuvo a su cargo el amparo de los pobres, i desvalidos, i por esto, como en buen aguero, continuaron su nombre en todos los que le imitaban en semejātesemejante virtud, i en los Manumissores de sus esclavos, Abogados, i bienhechores, i en los que cuidaban en Roma de bolver por las causas de las provincias sujetas, ò confederadas.
Si bien san Isidoro, i Festo Pompeyo,
derivan la Etimologia de ella à Patre, porque como tal ha de cuidar el Patron de los Clientes que tiene à su cargo, dandoles ser, i ayuda en quanto pudiere.
I de aqui vino, que en los feudos, que son muy parecidos à nuestras Encomiendas, como luego diremos, los señores directos de ellos se llamassen tambien Patronos, comolo advierten, i prueban Rosenthal, i Magero,
refiriendo otras muchas acepciones de esta palabra.
La segvnda causa i razon, que assimesmo dio principio, como diximos, à introducir estas encomiẽdasencomiendas, i continuarlas, que fue el entretener con ellas à los primeros Conquistadores, i Pobladores, i otros hombres nobles, i de valor en aquellas provincias, para que las poblassen, ennobleciessen, i defendiessen, no es de menor peso, i justificacion à mi ver, ni al del prudente, i entendido Padre Ioseph de Acosta,
el qual reconoce, que fuera impossible conservarlas, siendo tan remotas, i dilatadas, si los mesmos que las descubrierōdescubrieron, ganaron, i po|blaron, no las guardarāguardaran, i defendieran, refrenando las licencias, i insolencias de los Indios ya reducidos, i de otros sus comarcanos, i haziendolos, que se acabassen de allanar, i acostumbrar à nuestras leyes, i à nuestros Reyes.
I que tambien fuera igualmente impossible, que los referidos, paràran, ni se avecindàran en ellas, i dexando sus tierras, patrias, i casas, donde nacieron, i se criaron, i de que naturalmente todos somos amantes, entablàran fixa i permanente habitacion enlas peregrinas, sino los alentaramos, ò por mejor dezir ataramos, ò detuvieramos con los grillos del provecho i comodidad de estas encomiendas, las quales por esta razon se les dan con este pacto i gravamen, como lo diremos mas de espacio en otro capitulo,
Infra hoc lib. c. 27.
i poniendo la mira en que no se tiene por menor, sino por mayor virtud, valor, i prudencia, el saber conservar, i amplificar lo ganado, que el adquirirlo, como despues de Ovidio, lo dixo bien el Nazianzeno, i el Cassiodoro, i otros mil Autores à cada passo
I puede confirmarse tambien esta causa, con el exemplo de los Romanos, cuyo govierno fue tenido por tan prudente, i de ellos leemos que adonde quiera que estendian, i poblaban Colonias suyas, en las provincias, que avian rendido por fuerça de armas, para tenerlas mas seguras, hazian quedar por moradores, i domiciliarios de ellas, à los soldados viejos, i jubilados, que ayudaron à cōquistarlasconquistarlas, dandoles por esto, i en premio de su valor i trabajo las mejores tierras de aquel contorno, ò rentas quantiosas de las que quedaban señaladas por tributarias ò estipendiarias, que en Griego las dezian Limitrophas, como diputadas para el sustento de los guardadores de sus fronteras, de las quales tierras ay frequente menciōmencion enel derecho, i varios Autores.
La tercera i ultima causa, que ocasiono estas encomiendas, i las justifica, no fue, ni es menos considerable, cōvieneconviene à saber, el deseo, i obligacion, en que nuestros gloriosos Reyes de España se hallaron de premiar tantos Capitanes, soldados, i hombres benemeritos, i de valor, que en aquellas conquistas, pacificaciones, i poblaciones les avian servido, gastando en ellas vidas i haziendas sin paga alguna, à imitacion de los antiguos Romanos, que en esta forma militaron mucho tiempo por su Republica, hasta el Rey Tullo, ò como otros
quieren la guerra de Massinisa, ò batalla de Terracina, en que comẽçaroncomençaron à recebir ciertos sueldos en paga, de donde procedio el llamar oy soldados à todos los que militan, aunque no la lleven, como despues de otros lo observa don Sebastian de Covarruvias.
I en esta razon, i su justificacion, conviene tambien conmigo Ioseph Acosta,
añadiendo, que ni se pudo dexar de hazer esta remuneracion, à los referidos, ni hallarse medio mas à proposito para hazerla, pues la recebian de lo mesmo que avian ganado, i donde lo ganaron, i que si assi no se hiziera, quedaran muy descontentos, i en ellos, i en otros resfriado el deseo de intẽtarintentar ò proseguir semejantes empressas.
Pues como dize bien Cassiodoro,
parece que no se estima, ò que es denostada, i da en rostro la virtud, i el valor, si se mira sin premio i aun en los animales lo conocemos, pues los cavallos le esperan, del aliento ventajoso de sus carreras, aunque no tienen discurso para sentir que se le defrauden.
I esto es mas cierto, en el que se debe â trabajos militares, porque estiman siempre mucho los hombres lo que por esta via, su sudor, i sangre les ha grangeado, como con varios lugares de Escritura, i buenas letras, lo prueban, i exornan los doctos Padres Martin del Rio, i Adan Contzen,
diziendo mucho de quan util i necessaria es semejante remuneracion de los benemeritos, aunque ello es en si tan llano, que no necessita de prueba, pues el derecho, i la razon, i aun el mesmo instinto natural nos lo està persuadiendo.
I Seneca, i Ciceron nos enseñan, que todas las gentes del mũdomundo, por barbaras, i fieras que seāsean, lo reconocen; i que siendo tan diversas en costumbres, i leyes, sola en esta convienen, de que debẽdeben darse premios i galardones correspondientes à los meritos i servicios.
La qual obligacion si en todos corre, segun la possibilidad de sus fuerças, i estado, en el de los Reyes, i Principes sube mas de punto, quanto el suyo es mas ventajoso, i assi dizen todos,
que deben esmerarse en esta virtud con excesso. I nuestras leyes de Partida son las que con mas cuidado i particularidad les han querido animar à esta virtud, i enseñar esta obligacion, pues hizieron titulo especial de los Galardones, el qual no se halla en ninguna coleccion de leyes de otros Monarcas.
I no se contentando con esto, tenemos una,
L. 1. & 23. tit. 10. p. 2.
que les haze recuerdo de esta obligacion en primer lugar, diziendo: Primeramente faziendo bien à cada uno segun lo mereciesse; ca esto es assi como el agua que faze crecer todas las cosas. I otra, que dize,
L. 57 tit. 18. p. 3.
que ninguna virtud puede resplandecer en ellos con mas hermosura: Fermosa gracia es la que el Rey faze por merecimiento de servicio, que aya alguno fecho, ò por bōdadbondad, que aya en si, &c. donde su celebre Glossador Gregorio Lopez añade,
que es tan hermosa esta ley, como la mesma gracia de que procura enamorar à los Reyes, i que deben saber, que aunque excedan en ella, no van cōtracontra la disposicion del derecho, antes le guardan exerciẽdoexerciendo su oficio, que consiste en hazer mercedes i beneficios, i que estos se han de interpretar latissimamente, i en duda tenerse por reales, i no personales.
I de aqui resulta, que jamas se aya hallado Republica, en que à su modo, no se ayan señalado premios i galardones crecidos, i permanentes, à los Capitanes, i soldados, que por su esfuerço i valor, ò las defendieron, ò las ampliaròn, ò obraron otras hazañas dignas de loa, i en comun provechosas, como lo fueron estas de los Conquistadores de que tratamos.
Para cuya comprobacion pudiera traer muchos textos, exẽplosexemplos, i autoridades, si ya otros no lo huvieran hecho bastantemente.
I no lo mostraran Alexandro Magno, i Pyrro Rey de los Epirotas, que con solo cuidar de esta virtud, señorearon el mundo, como lo testifican Rhodigino, i Plutarcho.
Pero por ser tan grave, i tan en nuestros terminos, no puede omitirse el de la sagrada Escritura,
Iosue 3. & seqq.
en la qual vemos el cuidado que Dios puso, en praticar, i executar lo que vamos diziendo, mandando à Iosue, que distribuyesse entre todos los Tribus de Israel las tierras de Promission, que ellos avian debelado, i adquirido, con cuyo exemplo nos trae muchos otros para el mesmo intento el eloquente P. Fr. Iuan Marquez.
I no es menos à proposito el de los Feudos, que en Alemania, Lombardia, Napoles, i otras provincias se introduxeron, i pratican tanto, pues sabemos aver tenido la mesma causa i origen, que las EncomiẽdasEncomiendas de que tratamos, repartiendo los Emperadores, Reyes, i otros Señores soberanos entre sus vassallos, las mesmas tierras, i lugares, que ellos con su valor militar les ganarōganaron; especialmẽteespecialmente las limitaneas, para que las guardassen, i governassẽgovernassen, i sacassẽsacassen dellas honesto sustento para si, i sus descendientes, manteniendo los vassallos que se les repartian en paz i justicia, pues los constituian por sus patronos i defensores. I quedando juntamente obligados à reconocer el directo dominio à los señores de quien recebian estas tierras, i de acudir à su servicio, i defensa, siempre que para ello fuessen llamados, i haziendo en orden à todo lo referido especial juramento que llamaban de Fidelidad, ò Homenage, como mas largamente podrà constar por lo mucho que han escrito muchos,
de esta materia de Feudos, i de sus nombres i dife|rencias, que juntamente tratan, en que otras naciones se ayan usado, ò usen oy las mesmas, ò semejantes costumbres.
Pero poco necessitamos de valernos de las estrañas, pues tenemos en nuestra España el exemplo de tantas, i tan ilustres casas de grandes Señores i Titulados, i de otros antiquissimos, i nobilissimos Cavalleros, i Mayorazgos, à cuyos Progenitores se les dieron meritissimamẽtemeritissimamente las villas, lugares, bienes, i rentas de que oy gozan, solo por averlas ayudado à ganar en las guerras contra los Moros, como aun lo testifican algunas leyes de Partida,
L. 51. tit. 18 p. 3.
i muchos Autores que de esto tratan,
diziendo bien, que en estas ilustres Casas, i Familias, se sustenta el honor, i esplendor de estos Reinos, i que importa mucho que se conserven, porque son como los huessos, i nervio de la Republica, i peligrarà si le faltan.
I en particular dizen lo mesmo, aplicandolo à nuestras Encomiendas, i Encomenderos Ioseph Acosta, i Antonio de Leon,
ponderando, quan util, necessaria, i aun forçosa fue su introduccion en las Indias, i que en ellos, como en sombra, se representan en ellas los grandes Señores, i Titulados de España. Comparacion de que nos valdremos en otras ocasiones, porque casi de ordinario corre, i vale el argumento de los Feudos, i Mayorazgos, à estas Encomiendas, i por el contrario, segun Matienzo, i otros que de ellas tratan.
Con lo qual, sino me engaño, dexo hecha demostracion de la justificacion de ellas, i de las causas que huvo para introducirlas, razones, i exemplos que obligaron, i obligan à continuarlas, i defenderlas; de que tambien dixo algo Antonio de Herrera,
i algunas cedulas Reales, que de ellas tratan, que se podrà ver en el segundo Tomo de las impressas.
I muy en particular Fr. Iuan Zapata, diziendo: quāquan justo fue, i es, remunerar à los Conquistadores de las Indias, i sus descendientes, i preferirlos en estos i otros premios de aquella tie tra, pues la ganaron, i la defienden, i han comunicado à España tan dilatado Imperio, i tantas riquezas, i la justa quexa que pueden tener de verse olvidados.
Punto, en que tambien, aun antes de este Autor, se dilatò mucho Iuan Matienzo, en el tratado manuscripto que compuso, del govier no del Perù.
I Gregorio Lopez,
con ocasion de comentar, ò glossar una ley de Partida, que alaba, i encarece la gran fidelidad, que los Españoles han tenido siempre en servir à sus Reyes, sobre todas las Naciones del Mundo, pone el exemplo en estos, que descubrieron, i conquistaron, el que llamamos Nuevo, i dize, quan dignos son de remuneracion, i alabança, pues ganaron à España Reinos tan remotos, ocultos, i dilatados, i â Dios tantas almas, que no le conocian, verificandose por ellos lo que dexò vaticinado Isaias: Ves aì, que llamaràs la gente que no sabìas, i que corren a ti las Naciones, que no te conocieron, por merced, i gracia de tu Señor Santo Dios de Israel, que en esto quiso glorificarte.
Atendido lo qual, me parece, que quadra mucho à estos antiguos Conquistadores, Pacificadores, i Pobladores de las Indias, la oracion, que se dize aver hecho el Emperador Carlo Magno, à los Nobles de Francia, i Alemania, que le ayudaron à sujetar los Saxones, en que (como lo refiere Eguinartho en su vida)
los llama Heroes, i fieles Amigos, i Consejeros suyos, i quiere, que de alli adelante vivan honrados, i descansados, i que sus hazañas les sirvan de executorias para pedir quanto huvieren menester para su honesto passar à èl, i à sus sucessores, i que se tenga por infame, i sin honra, el que se lo negare, i solo èl, ô ellos puedan conocer de sus causas criminales.
Palabras que en semejante caso parece las imitò una celebre ley | del Volumen,
en el coloquio que propone aver passado entre el Emperador Constantino Augusto, i sus Veteranos, i otras no menos celebres, i dignas de leerse de nuestras Partidas, en que se dize:
L. 1. & 23. tit 21. p. 2.
Que à los nobles Capitanes, i soldados, que fueron puestos para defender las tierras, los Reyes los deben honrar, como à aquellos con quien han de fazer su obra, guardando, è honrando à si mismos con ellos, è acrecentando su poder, è su honra. E todos los otros comunalmente los deben honrar, porque les son como escudo, i defendimiento.
CAP. III.

CAP. III.

De la definicion de las Encomiendas, i sus propriedades, i en que se parezcan, ò diferencien de los Feudos, Vsufruto, Emphiteosis, Mayorazgos, ò Donaciones?

DE lo que dexo dicho cerca del origen, i nueva formacion, ò reformacion de las Encomiendas, i de sus causas, se puede aora deducir facilmente su difinicion, aunq̃aunque nadie la aya tocado; conviene à saber, que sean Vn derecho concedido por merced Real, a los Benemeritos de las Indias, para percebir, i cobrar para si los tributos de los Indios que se les encomendaren por su vida, i la de un heredero, conforme a la ley de la sucession, con cargo de cuidar del bien de los Indios en lo espiritual, i tẽporaltemporal, i de habitar, i defender las Provincias dondẽdonde fuerẽfueren encomendados, i hazer de cumplir todo esto, omenage, ò juramento particular.
En esta difinicion, las palabras, Vn derecho concedido por merced Real, sirven de lo que llaman Genero; las demas, declarādeclaran de tal suerte la propriedad, i essencia especial de estas Encomiendas, que las diferenciādiferencian de qualquier otra merced, ò derecho, que pueda imitarlas en algo, i assi totalmente se ciñen à solo lo difinido, con que se cumple con el rigor de las reglas, que Artistas, i Iuristas
requieren en qualquier buena difinicion.
De las leyes, cargas, i particulares requisitos que se hallāhallan en estas EncomiẽdasEncomiendas, se tratarà despues en distintos capitulos, en este solo quiero apuntar, que se dixo con misterio, que son, Vn derecho de percebir los tributos de los Indios por merced Real. Para dar à entẽderentender, que ni en los tributos, ni en los Indios, no tienẽtienen los EncomẽderosEncomenderos Derecho alguno en propriedad, ni por vassallage; porq̃porque esto plena, original, i directamẽtedirectamente, es de la Corona Real, como ya que da dicho.
I lo que se les concede es, que participen del goze de los tributos, que al Rey, como à tal se le deben i pertenecen, al modo, que à los legatarios se les reparte algo por voluntad del testador, de aquel todo universal dela herencia, que era del heredero, como lo dixo bien el I. C. Florentino.
O, trayendo otros similes, aun mas adequados, al modo del Feudo, ò derecho, que llaman de emphiteosis, ò de superficie, enlos quales vemos, que el dominio directo queda en el que le cōcedeconcede, i el que los Autores comũmẽtecomunmente, i para mejor darse à entender, llaman Vtil, ò por otro nōbrenombre, Quasi dominiũdominium, ò Ius dominio proximũ, es solo el que passa en el Feudatario, Emphiteota, ò Superficiario, como lo enseñan muchas leyes que de este tratātratan, i los que las han comentado.
I lo mesmo hallamos en el vsufruto, en que como es notorio, el proprietario retiene en si el dominio de la cosa en que està concedido, i el usufrutuario solo tiene derecho de gozar por su vida los frutos della, teniẽdolateniendola siẽpresiempre salva i biẽbien reparada, para que quādoquando se acabe su goze, buelva tal àla propriedad, i se cōsolideconsolide con ella, por que se tuviera por vana, i inutil, si esto no se observara, como lo dize el Emperador Iustiniano,
despues de muchos IuriscōsultosIurisconsultos, i notablemẽtenotablemente Paul. de Cas. | seguido por Bartolome Cepola, i otros Autores,
sacando de aqui, que el estatuto que habla en el usufrutuario, se puede, i debe estender à qualquier otro que tenga, i goze semejantes derechos, que llaman utiles, poniendo el exemplo en Feudatarios, Emphiteotas, i Fideicomissarios, à que podemos añadir el de las Encomiendas.
En cuyos terminos hallo todo esto con gran cuidado, i atencion, declarado, i especificado en una celebre cedula Real, dada en Madrid à cinco de Abril del año de 1532. i en la provision general del año de 1536. i en otras muchas, que tratan de las Encomiendas, i estàn recopiladas en el segundo Tomo de las impressas,
donde tambien se dize, en que casos vacan, i como han de bolver à la Corona Real, i consolidarse con ella, de que luego diremos,
Infra hoc libro, c. 28.
i se repite mucho, esto de que los Encomenderos no tienen dominio directo en ellas, ni en los Indios, ni en sus tributos, ibi: Las personas que gozan, i han de gozar del provecho de los dichos Indios; i luego: Han de gozar de los tributos que ellos tuvieren en su vida; i despues: Pierda la Encomienda, i otro qualquier derecho que tenga à los dichos tributos.
I en un capitulo de carta escrita al Virrey de la Nueva-España, en onze de Agosto de 1552. se dize: Los Encomenderos pueden servir para esto, porque como teneis entendido, las Encomiendas, que son renta de su Magestad, las dà a los tales Encomenderos, porque defiendan la tierra, &c.
Palabras, que solo importan conforme à derecho un goze, ò aprovechamiento temporal, sin que por ellas se pueda inducir derecho alguno, que implique, ni adquiera propriedad, ò dominio directo, si ya no es, que junto con ellas, se hallen mezcladas otras, dedonde se pueda inferir, ò presumir voluntad contraria del concedente, como se colige de muchos Textos, i Autores, que de ello tratan.
Pero estas, nunca se hallaràn en las Encomiendas, sino antes las totalmente exclusivas de semejante pretension, i derecho, como se ha dicho, i lo reconoce el Padre Ioseph de Acosta,
diziendo, que este derecho de los tributos, era todo del Rey, i en el queda, i ha de estar radicado, i le quiso franquear à los Encomenderos, en la forma, i con las condiciones que se han referido.
I lo mesmo, aun con mas expression dize Matienzo,
assentando por infalible, que los Encomenderos no tienen dominio, ni jurisdicion alguna en los Indios, mas de gozar de la parte de sus tributos, que les fuere consignada; porque aun en lo que en los mesmos tributos se reserva para dotrina, i justicias de los Indios, aunque se saca de la renta de la Encomienda, no lo administra, ni paga el Encomendero.
Sin que à esto repugne, ni pueda dar à los Encomenderos algun derecho, ô vassallage en los Indios, el dezir, que se los encomiendan, por ser como es comun opinion de los Dotores,
que aun aquellos hombres, que voluntariamente se ponen debaxo del patrocinio, amparo, i clientela de algun poderoso, ò se le encomiendan, no por esso quedan subditos, ni vassallos suyos, sino libres como antes, i reteniendo su mesmo estado.
Para lo qual, pondero tambien una de nuestras leyes recopilada,
que prohibe à los Grandes, i Prelados, i otros Señores de España, que no puedan tomar servicios, ni derechos, ni yantares de las ciudades, villas, i lugares del Reino, de que pretendieren ser Comenderos, ni usar de jurisdicion en ellos, porque solo al Rey pertenecen tales Encomiendas.
I solo en los Reyes, la proteccion, suele obrar, i traer, ò incluir en si el nombre, i uso de jurisdicion, conforme à un texto del Derecho Canonico,
por cuyo argumento lo enseñan algunos Autores.
I esto mesmo, en terminos de las dichas clientelas, ò Encomiendas de Señores, lo dispone otra ley de la Recopilacion,
i en los de las de nuestros Indios, un capitulo de las ordenanças del Consejo de ellas del año de 1541. que dize assi: Por manera, que los Españoles no tengan mano, ni entrada con los Indios, ni poder, ni mando alguno, ni se sirvan de ellos por via de Naboria, ni en otra manera alguna, en poca, ni en mucha cantidad, ni ayan mas de gozar de sus tributos.
I conforme à estas dotrinas debemos entender una cedula Real dada en Alcala à ultimo de Mayo del año de 1562. i la de Malinas, i otras que llaman sus declaratorias,
que hablando de estas Encomiendas de Indios, parece que conceden no solo en el goze de los tributos de ellos, sino en sus personas, verdadera possession, dominio, i propiedad à sus EncomẽderosEncomenderos, usando como usan de estas palabras: En la possession, i señorio de los dichos Indios; en todos los pleitos que se ofrecieren sobre Indios, assi en propriedad como en possessiōpossession, &c. Porque se han de entender, i explicar estas palabras, de aquella possession, i dominio, que en estos Indios cabe, i por otras leyes i cedulas les està dada à sus Encomenderos, que es el que avemos dicho, de gozar sus tributos, i essos aun no por dominio directo, sino util, i como cessonarios, ò subrogados en quanto à esto, de la Magestad Real.
I no es nuevo tomar en esta forma, i significacion absolutamente la palabra Dominio, aplicandola à aquellos à quienes solamente compete el que llaman util, como en terminos del vsufrutuario lo vemos en un Texto,
que de otra suerte fuera repugnante à los demas que tratan de su materia, i alegando otros, i trayẽdotrayendo muchos mas exemplos, lo resuelven copiosamente don Iuan del Castillo, i otros Autores.
A los quales añado Yo, para mayor explicacion de las dichas cedulas, que quādoquando en alguna ley, ò otra disposicion, se haze mencion de Dominio, basta que se verifique en el util. I lo mesmo es, aun quando se usa de la palabra Propriedad, sin embargo, que entre estas dos quieran constituir algunas diferencias muchos Autores, como despues de otros Antiguos, i larga disputa, siguiendo la opinion de los que bien sienten, i llamandola comun, lo resuelvẽresuelven Pinelo, Duareno, i otros doctos Modernos.
I esta mesma salida podemos dar à la pratica que està introducida, quando se trata, de que alguno de estos Encomenderos tome la possession de la Encomienda, de que de nuevo se le haze merced, diziendo, que se la dan de los Indios de tal ò tal repartimiento, i entregandole en nombre de los demas la persona de su Cacique, ò de otros que alli se hallan, porque esso no muda la naturaleza, i sustancia de la Encomienda, ni el intento que en ellas se lleva, i el dar la possession en el Indio, es como darla del tributo que por èl, i sus compañeros se ha de pagar, tomando la causa por el efeto, ò el sujeto por el adjunto, por la figura que llaman Metonymia.
I tambien se puede dezir, que aquella entrega se haze para que sepan los Indios, que se les dà aquel Encomendero para que los defienda, i èl los conozca, i reciba para el mesmo fin por encomendados.
I si todavia replicare alguno, que no se puede negar que los Indios corporalmente entren en Encomienda, pues en algunas partes el tributo està señalado, i como dizen, Demorado, en el servicio personal, que se manda, que ellos hagan à sus Encomenderos. A esso respondo, que entonces el servicio suple en lugar de tributo, i este es el que se atiende, i no la persona, porque en todos los actos enseña el derecho, que miremos aquello de que principalmente se trata.
Pero dexada esta respuesta, la cierta es, que aunque no fuera nuevo, ni muy injusto este modo de tassar el tributo de los Indios en obras, i tareas ciertas, i señaladas, que buenamente pudiessen cũplircumplir à sus Encomenderos, como lo reconoce el Padre Ioseph de Acosta, i otros que dexo citados en otro lugar.
Todavia, como alli digo, siempre se ha mandado quitar, porque con color i pretexto dèl, eran, i son sumamente vexados, i trabajados los Indios, i tratados peor que si fueran esclavos.
I assi, renovando otras muchas cedulas, que lo tenian dispuesto, se despachô una apretadissima el año de 1633. para que se acabasse de extirpar tan mala costumbre, en algunas provincias, donde se supo, que todavia duraba, i que sin replica alguna se tassassen los Indios en dinero, ò en especies, como lo estàn en el Perù, i otras partes, i solo esto pudiessen cobrar dellos los Encomenderos.
Demanera, que de lo que injusta i tiranicamente se ha hecho, ò haze, contra la voluntad Real, i las formas que sobre esto ha dado tan repetidas, no se puede sacar argumento. Pues no se ha de mirar lo que se ha hecho, sino lo que segũsegun leyes, razon, i justicia se ha debido hazer, i observar,
i los temporales, ò tiranos abusos de alguna provincia, no mudan el derecho, que con prudencia, i vigilancia para ella, i para todas, se ha establecido.
Mas dificultad parece que haze el ser parecidas estas Encomiendas mucho à los mayorazgos, tanto, que de ellos à ellas regularmente se puede tomar argumento, como ya lo apuntamos en el capitulo passado, i largamente lo dize Matienzo.
I siendo esto assi, parece que podemos tener por dueños verdaderos de los Indios, i de sus tributos à los Encomenderos, mientras los gozan, como lo son por los dias de su vida los posseedores de los mayorazgos, segun la mas comun opinion, que citando otros, resuelve Molina, i su copioso Adicionador.
Pero puedese responder brevemente, que ni lo que se dize del mayorazgo corre seguro, pues ay muchos que defienden con mucha razon lo contrario,
teniendo à los posseedores solo por vsufrutuarios, ò fideicomissarios, i de util, i no directo dominio. I que quando, aun fuera verdad, no nos obsta; porque si el posseedor adquiere verdadero dominio, es, porque no se halla, que este se le deniegue el que fundò el mayorazgo antes, pues manda, que vayan los bienes de unos sucessores en otros, en todos parece que quiere se continue igualmente el dominio que èl mesmo tenia, i que nunca puede estar in pendenti, ni faltar quien represente su mesma persona, i derecho.
I esto, no passa de esta forma en las Encomiendas, pues como queda dicho, el Rey que la concede, tiene declarado, que reserva en si el directo dominio en los Indios, i que no las quiere dar por mas de dos vidas, reservando en si, i en su Real Corona el derecho de la reversion, para quando se acaben. Con que se vè, que ya, por lo menos en estos puntos, se diferencian, i en otros tambien, que se diràn en el capitulo 16. deste libro.
Mas se pueden assimilar à los Feudos, i por el consiguiente al usufruto, i emphiteosi, entre los quales tambien se suele tomar argumento, segun Everardo, i los que le siguen,
i por la mesma razon à las Encomiendas, como en terminos de ellas lo advierte Matienzo,
mientras entre estas cosas no se hallare razon especial, que las diferencie. Porque enefeto se parecen en el origen de su introduccion, en el modo, i derecho del gozar, en la prohibicion de no enagenar, en la necessidad de restituir, i de acudir al servicio mi|litar del señor del directo dominio.
I por esto, como lo advierten bien el mesmo Matienzo, i el Padre Acosta, i Antonio de Leon,
en muchas cedulas Reales, i en el comun lenguage de las Indias, especialmente en el Perù, suelen llamar Feudatarios à estos Encomenderos. I no hallaremos en España otro genero de feudos, sino este, i el que se le parece de los que por merced Real gozan de algunas villas, lugares, o fortalezas, i quedan hechos señores de ellas, i sus vassallos, que tambien los comparan à los feudatarios algunas leyes de Partida, en cuya explicacion dizen algo Molina, i Azevedo.
Pero lo uno, i otro tiene sin embargo muchas cosas, en que se diferencia del Feudo, i especialmente las Encomiendas, por los pactos, i gravamenes, que en ellas se ponen, como consta de su difinicion, que son en muchas cosas contrarias à los feudos. I assi dize bien Matienzo,
Matien. ubi sup.
que no se pueden tener por feudos rectos, sino por los que llaman improprios, irregulares, ò degenerantes, como tambien sucede en el usufruto, i emphiteosi, segun la dotrina que despues de otros sigue i prueba Martin Magero.
Lo qual es digno de notar, para que no nos embaracemos facilmente, con aplicar las decisiones de los feudos à las Encomiendas, porque siempre se ha de ir en esto con mucho recato, sin sacarlas de su materia, como magistralmente lo enseño Bartolo, à quien siguen comunmente los que della escriben.
Por estas razones, tengo para mi, que el simil mas adequado, que se puede dar à las Encomiendas, es el de las donaciones, que el Derecho llama modales, de que ay muchos Textos, i un titulo entero en el Codigo.
Porque, aunque se dan en remuneracion de servicios, tienen mucho de gracia, i liberalidad, que es proprio de las donaciones,
como expressamente lo dize un capitulo de carta, dada en Madrid à 17 de de Marco del año de 1619. escrita al Virrey del Perù Principe de Esquilache, por estas palabras: I aviendose discurrido, i mirado sobre la materia con mucha atencion, ha parecido, que supuesto que esta es donacion gratuita, aunque remuneratoria, no se haze agravio à nadie, dandole la Encomienda con esta carga.
I luego hallamos, que esto, que parece gracia, i donacion, se grava i modifica con limitarlo à dos vidas, i los demas pactos i gravamenes que estàn referidos, i pena de revocacion i perdimiento de la Encomienda, sino se cumpliere con ellos, lo qual es lo mesmo que sucede i passa en las donaciones modales, i por esso tomaron esse nombre, como, demas de los Textos citados, lo dize muy en nuestros terminos una ley de Partida,
L. 6. tit. 4. p. 5.
en esta forma: Porque este el otro todavia guisado de cavallos, i armas, para fazerle servicio, è si non lo cumple, ò non lo faze, bien puede apremiarle a que cumpla lo que prometio de fazer, ò que desampare la donacion que le fizo, è qualquier donacion de las que son dichas en esta ley, se dizen en Latin sub modo.
Sin que à esto obste, que por la donacion se suele traspassar en el donatario el verdadero i proprio dominio de la cosa donada, como lo enseñan muchas leyes, que de esto tratan,